Elección. Está visto que los panameños eligen a sus dignatarios bajo el influjo de las emociones y no de la razón. Por eso importa poco si el candidato tiene o no un plan adecuado a los tiempos.
Cultura. Tiene mucho que ver la calidad intelectual de quien emite el voto. A mayor nivel, más exigentes serán los electores; mientras más crasos, más emocionales y simples serán sus decisiones.
Política. El círculo vicioso de pésima cultura, elección de malos políticos, que a su vez mantienen por décadas un pésimo sistema educativo que les garantiza volver al poder, es nuestra mala estrella.