Medicamentos. El Estado se gasta una fortuna en medicinas. Sin embargo, la salud no llega a los contribuyentes. Hay dos conclusiones lógicas: los gestores son ineptos o corruptos.
Salud. Es trágico que con tal cantidad de dinero para la compra de medicamentos, ni el Seguro Social ni el Ministerio de Salud cuenten con los productos que se necesitan, más aún para enfermedades crónicas.
Oscuridad. Hay algo torcido en el sistema y nadie lo corrige. Los proveedores parecen saber cómo eludir las reglas, y alguien dentro también. Mientras los bolsillos de unos cuantos se llenan, la población sufre la falta de escrúpulos.