MEDUCA. Ya no hay duda: el Ministerio de Educación es para los políticos, de toda factura, una caja de caudales. Por lo menos durante los últimos 20 años, la entidad fue usada para enriquecimiento fácil, sin consecuencia.
Delito. Llevarse a casa los dineros destinados para la educación del pueblo panameño es un doble crimen. Si se mira el desastroso nivel de la enseñanza, y se contrasta con la plata perdida, es difícil evitar la ira.
Justicia. La cárcel debe ser el destino de quienes atentaron contra la educación, y de aquellos que lo permitieron con su falta de supervisión y de carácter. Detener esto es un primer paso hacia la reforma.