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El que un día se llamó río Mataznillo


uando a Yahaira Serrano, bióloga analista del Laboratorio de Calidad del Agua de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) se le pregunta por la condición de los ríos de la ciudad capital, responde sin reparo: "no sirven para nada"..
Quién mejor que ella para decirlo. Es el laboratorio el que efectúa los monitoreos que darán pie a una norma sobre aguas superficiales en Panamá y que a la fecha no existe.
Es tan sencillo como que en nuestro país no se ha determinado el uso que debe dársele a las fuentes hídricas, es decir, para lo que son aptas las aguas (agricultura, ganadería o uso doméstico).
En ese sentido, Chile marca la pauta. "Cualquier institución que tenga que reglamentar utiliza la norma chilena".
En ausencia de esta reglamentación ocurre lo presumible.
"Hay ríos en el área Este del país que tienen toma del agua del IDAAN. Esta agua río arriba no puede ser utilizada para la ganadería ni para actividades agrícolas o avícolas".
Pero, tal como lo reconoce Serrano, "lamentablemente se hace".
La norma debiera ser la solución. Se trata de una labor conjunta en la que participan, además de ANAM, los ministerios de Desarrollo Agropecuario y de Salud, el IDAAN, entre otros, así como la empresa privada.
Sin embargo, ese irreparable daño que ha limitado a los ríos de la capital a un simple "uso industrial", como explica Serrano, se ve y se huele en el que un día se llamó Matasnillo.


Es uno de los siete ríos que atraviesa la ciudad de Panamá, pasando por Vista Hermosa, Villa Cáceres, Pueblo Nuevo y el Ingenio, incluso las principales arterias del país como lo son la Avenida Balboa, Calle 50, vía Bolívar y vía España.
El río posee un área de 272.44 hectáreas con una longitud de 12.5 kilómetros desde la montaña hasta la desembocadura en la Bahía de Panamá.
Sin duda, es un río "difunto". Su índice de calidad ambiental para el 2004, según el laboratorio de ANAM, fue de 28% en la parte alta. En el 2005 pasó a ser de 26%.
Nada significativo, si se observa superficialmente. Sin embargo, el asunto es más complicado.
Es la parte media (Transístmica) del Matasnillo la principal evidencia de esa muerte que se dio poco a poco.
Pasó de 23% de índice de calidad ambiental en el 2004 a 11% el año pasado.
Los números indican que "los ríos están siendo afectados desde su parte media a la baja y que no sirven para nada", reitera Serrano con profundo pesar.
La del Matasnillo es una triste realidad. Sus episodios se fueron escribiendo por la carencia de un plan de ordenamiento urbanístico que no existía hasta ahora, por el crecimiento de las poblaciones hacia la orilla de los ríos y por lo dicho una y otra vez: la falta de conciencia ciudadana.
Así como el Mataznillo, el Curundú tampoco sobrevivió a la vorágine del desarrollo.
No es siquiera aceptable para "el contacto indirecto con sus aguas". Ni siquiera una gota debe tocar la piel.
Del Curundú no puede hacerse muestreos. Al igual que el Matasnillo, no es más que historia.


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221388
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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