MARÍA Jaramillo conduce hace varios años y nunca se sintió tan estresada como en estos días. Los automóviles casi rozan el suyo cuando intentan rebasarla y ni hablar de los buses. En una ocasión, ella salvó su vida milagrosamente. Dos conductores de "diablos rojos" se le fueron encima y afortunadamente la experiencia le permitió salir bien librada del hecho.
Desde hace varios meses, cuando sale, se enfrenta a la paranoia, deseperación y el sonido insistente de las bocinas de los vehículos, todo en medio de los tranques.
"Nadie tiene paciencia y eso me estresa", dijo María angustiada, mientras se pregunta hasta cuándo le tocará vivir esta situación.
Según Fabio Bethancourt, psicólogo clínico, la falta de una política adecuada, en lo que se refiere a red vial, es el problema de fondo.
En este sentido, son varios los proyectos de carreteras y puentes vehiculares, pero pocos ayudan a solucionar los grandes congestionamientos de las horas pico.
Exponerse con frecuencia a los tranques puede resultar un atentado de alto riesgo para la salud, ya que "afecta el sistema cardiovascular y además, las personas pueden sufrir incontinencia urinaria (problemas al orinar)".
Las emisiones de los autos, así como el ruido y el estrés, son otros de los tantos riesgos que enfrentan las personas los 365 días del año.
El estrés aumenta la respiración, el ritmo cardíaco, la presión arterial así como la tensión de los músculos del cuerpo a los que prepara para una reacción de huida.
¿Qué se puede hacer? Bethancourt señaló que las personas deben planificarse mentalmente, por lo menos una o dos horas antes de salir a la calle.
El psicólogo clínico manifestó también que en un tranque se practica la falta de tolerancia de las personas, acompañadas de la impaciencia e impulsividad de los conductores por salir rápido del atasco.
La situación los lleva incluso, a tomar vías alternas que no son opcionales, como los hombros de las calles o el aumento de la velocidad.
"Esto hace que los conductores se enojen y pierdan la paciencia, por lo que pueden ocasionar accidentes de tránsito".
Cuando se está inmerso en un tranque los psicólogos recomiendan escuchar música para relajarse, leer un buen libro o periódico, desconectarse de la situación por medio de la visualización.
En Panamá hay 250 mil autos particulares, 26 mil taxis y 1, 800 buses grandes y pequeños.
El sistema de transporte público moviliza alrededor de 1 millón de viajes en la ciudad.
En la ruta Transístmica hay tramos en los que pueden coincidir 14 mil pasajeros por hora en un sentido (entre 6: 30 y 8: 00 de la mañana)
Los tranques causan sudoración, palpitación, falta de aire y deseo de huir.
Las estadísticas de la Policía de Tránsito revelan que en lo que va del año 2006 se han reportado 310 víctimas, mientras que en el 2005 la cifra alcanzó 267 casos.
Los tipos de accidentes que más se registran en Panamá son colisión con 102 casos, además de los choques, atropellos y vuelcos.
En países vecinos como Costa Rica y Colombia, la realidad no es muy diferente a la nuestra. El tráfico vehicular es el problema que incomoda y pone de "mal humor" a los habitantes y conductores.
Mucho tiene que ver la existencia de un sistema de transporte público ineficiente, el congestionamiento y saturación casi permanente de la infraestructura vial, aunado al aumento de la flota vehicular.
En Colombia, ya se han tomado los correctivos. El reordenamiento del tránsito vehicular comenzó con la implementación del Transmilenio.
La esperanza del panameño es el Sistema Masivo de Transporte.
Recientemente Angelino Harris, director de la Autoridad del Tránsito explicó que por el momento hay consideradas tres rutas para construir las vías destinadas a los nuevos autobuses de gran capacidad de pasajeros. Éstas son la vía Tocumen con la Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), la Transístmica y la vía España, rutas que tienen mayor demanda y que sustentan financieramente un transporte de alta capacidad.