Nación

El rostro oscuro de El Chorrillo

Cuando la ciudad aparentemente duerme, en este barrio se registran balaceras, robos y riñas.


La patrulla 9425 encendió sus luces frontales de escolta, mientras recorría las oscuras calles del bullicioso barrio de El Chorrillo.

Tenía la misión -encabezada por cinco unidades policiales- de mantener el orden en un día de quincena en este barrio azotado por las pandillas.

 

Un silbido en los pasillos de las multis y los edificios de las renovaciones urbanas, es el código para advertir sobre la presencia de la ronda policial. Simplemente llegaba la denominada "chota" para la batida. Las calles fueron quedando vacías.

A las 7:00 de la noche del pasado viernes 29 de agosto, inició como siempre el patrullaje nocturno del Grupo Centenario de la Policía Nacional, con sede en San Felipe.

 

La primera novedad en la radio de comunicaciones se registró al otro extremo de la ciudad. En Felipillo, sector Este: habían impactado a un detective para robarle. Se trataba de Leslie Beitía, quien falleció dos horas después del hecho, en la Caja de Seguro Social.

Mientras, el subteniente Dimas comandaba al grupo de policías nocturnos, toda persona sin documentos personales y en actitud sospechosa tenía que ser verificado en la subestación policial de El Chorrillo, conocido como "el cuartelito".

 

Recorridos por el área de El Pentágono, en Santa Ana; Barraza, calles 23, 24, 25, 26, 27 y 28 en El Chorrillo, provocaron calma.

En calle 27 los altoparlantes, la comida de mariscos y la tradicional cerveza, hacían del lugar un sitio de rumba que duró por lo menos hasta las 11:00 p.m..

Las malas noticias venían de otros lados. el equipo periodístico fue informado que en la autopista de La Chorrera habían dos personas muertas producto de las rivalidades entre pandillas. Uno de ellos pertenecía a El Pentágono.

 

Ráfagas y robos.
En el sector de Patio Pinel, colindante al Cementerio Amador, delincuentes acechaban a sus víctimas para robarle. Fueron descubiertos por la ronda y con armas en mano entraron en las impenetrables barracas del área. Fue imposible la captura.

Los policías que comandaban el operativo, sólo se encomendaron a Dios y esperaban regresar con bien a sus casas.

La patrulla tenía dos orificios de bala en el techo y a un costado, producto de lo que enfrentan a diario en el populoso barrio.

Los periodistas de Panamá América permanecían con chalecos antibalas, ante el peligro.

Tronaron las ráfagas de bala. Venían de arriba, de los edificios de Barraza. A pesar de su determinación, los policía procedieron con cautela.

La amenaza se detuvo y prefirieron no subir. Mejor otro día, y en otras circunstancias, se enfrentarán a la muerte.

La acción estuvo en otra parte. En un bar, donde una riña tumultuaria obligó a los uniformados a usar gas pimienta, y a intimidar con escopetas a los violentos.

El reflejo de esa noche fue el irrespeto hacia los policías por parte de los jóvenes del barrio, quienes no lo piensan dos veces y accionan sus armas contra la autoridad. Otros lo que hacen es bloquear las calles para obstaculizar el trabajo policial.

Aunque parezca paradójico, ese día las pandillas estuvieron controladas. Fueron los ciudadanos comunes los "alocados".


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405587
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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