Nación

Eliborio Díaz, el preferido de políticos y ejecutivos

Para este hombre no hay nada más importante que ganarse la vida honradamente, sin molestar a nadie.


ELIBORIO Díaz, tiene 61 años y cada día se levanta con entusiasmo a trabajar. Recibe a sus clientes con una sonrisa, porque "eso esperan los clientes".
Este hombre que nació un 23 de julio de 1945, en la provincia de Chiriquí, lleva 11 años vendiendo guineos.
Con la venta de esta fruta paga un cuarto en el distrito de Arraiján y cancela sus recibos de luz y agua.
En la actualidad vive solo, pues su hijo vive en Santa Marta.
Eliborio, en medio de su "apretada" condición económica, no pasa por alto ayudar a su hijo en todo lo que pueda.
Semanalmente este hombre debe también depende de los ingresos de la venta de guineo para atenderse en el médico.
Y es que gasta B/.8 en medicinas (gibenclamida, unas pastillas que ayudan a disminuir los niveles de glucosa, así como fármacos para controlar la presión).
Sin embargo, Eliborio narró que las medicinas las toma cuando puede, ya que el dinero no alcanza para comprarlas siempre.
Díaz relató que antes recaudaba hasta B/.18 diarios, pero ahora las ventas han bajado, todo desde que personal municipal le derribó el año pasado el kiosco que tenía, donde también vendía piñas.
Le dijeron que "estaba en la servidumbre y la ley no permite negocios en esas áreas".
Díaz pidió a las autoridades que le permitan reconstruir su kiosco y lo dejen sobrevivir.
Este chiricano únicamente llegó hasta el cuarto grado de la Escuela Primaria de Alanje y en 1972, se trasladó a Panamá.
Antes de 1994 trabajaba en una fábrica de acero en la ciudad, pero la empresa quebró y luego se dedicó a la venta de guineos, siempre huyendo del ocio y los malos vicios.
Los guineos lo consigue en consignación, es decir, se lo traen hasta su puesto de venta y los vende a B/.0.10 la libra.
Al día puede logra vender unas ocho cajas de guineo, que tienen cada una un valor de B/.3.00. Según explicó, a cada caja le gana B/.5.00.
El negocio de Díaz abre temprano, a eso de las 7: 00 a.m. y para ello, debe levantarse de madrugada. Su jornada se extiende hasta las 4: 00 de la tarde.
Los sábados labora hasta las 12: 00 mediodía. Dice que "no piensa en el descanso, sino en el trabajo, que para él es motivo de orgullo".
Figuras de televisión, funcionarios públicos, políticos y empresarios, pasan a diario por el puesto de Eliborio para comprarle guineos, pues nunca está de mal humor y les sonríe amablemente.
Los días lluviosos, Díaz tampoco descansa. Simplemente recurre a un viejo paraguas para atender a sus clientes.

Una vez su hijo atendió el negocio y desafortunadamente la venta cayó. Admite que su error fue nunca presentarlo a sus clientes.
Algunos de los clientes, cuando Eliborio regresó, le preguntaban ¿quién era él que estaba atendiendo el negocio?
Quienes a diario le compraban, esos días pasaban de largo.
"Me tienen lástima", le dijo Eliborio a uno de esos clientes; sin embargo, le explicaron que más bien era aprecio, por su trato amigable y su carisma.
En aquella ocasión las lágrimas brotaron de sus ojos. Se había dado cuenta que había cultivado clientes y éstos le eran fieles.
Desde entonces no ha perdido de vista el buen trato y las palabras agradables.

Los resultados de la Encuesta Hogares 2005 de la Contraloría General de la República revelaron que poco más de un millón de personas está ocupada en actividades no agrícolas.
De ese total, son 76 mil 656 las empresas del sector formal y 334 mil 119 las del área informal.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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