LA ANGUSTIA y los lamentos, lejos de apaciguarse se acrecentaron durante el sepelio de la menor Olga González, realizado ayer en el Cementerio de Corozal.
Familiares de Olga sollozaron sobre sus restos mortales hasta al amanecer del pasado martes, ya que su velorio se llevó a cabo en la sala de su residencia, ubicada en El Cucuy de Cerro Batea.
Los lamentos continuaron ayer cuando a las 10: 00 a.m. familares, amigos, vecinos y compañeros de escuela de la fallecida acompañaron su féretro por las calles de Cerro Batea hasta llegar a la iglesia San Martín de Porres, ubicada en el mismo sector.
El templo se quedó chico. El rostro de la mayoría de los asistentes reflejaba la aflicción que les causó el crimen de la jovencita, de 14 años, quien recibió ocho puñaladas de parte de su victimario Irving Alberto Phillips.
Sus compañeros de octavo grado del IPT de San Miguelito, llevaban claveles blancos mientras formaban una calle de honor.
La madre de Olga, con el apoyo de su hermana que le repetía al oído palabras de aliento, trataba de ahogar su incontrolable llanto, para no interrumpir la ceremonia. No obstante en el cementerio fue todo lo contrario, ya que en ocasiones lamentándose emitió frases conmovedoras que hicieron llorar a los presentes. "Mi niña no", "Dios mio porque me la quitaste", "ella no le hacía daño a nadie", "no merecía morir así", expresó Vielka.
Al culminar las exequias, se acercó a la cripta donde descansa su hija, susurrando dijo varias palabras, y se alejó del lugar sostenida por su familiares.
En tanto, el médico forense Humberto Mas, aseguró que si el confeso asesino de la menor era un consumidor habitual de drogas sabía lo que estaba haciendo.
Según Mas los consumidores habituales de cocaína y marihuana crean resistencia a los alcaloides, lo que les permite interactuar sin problemas. Ayer, Phillips fue llevado a Medicatura Forense para evaluar la concentración de droga en su cuerpo.
"Ella no le hizo daño a nadie"
Mucho dolor hubo en el sepelio de la joven Olga Gonzlez.