Washington.- A pesar de la probabilidad de que el gobierno de George W. Bush continúe una férrea oposición al régimen cubano de Fidel Castro, un número cada vez más creciente de empresarios, académicos y políticos visitan la isla caribeña en desafío del bloqueo.
Liderado por el destacado banquero, David Rockefeller, ayer salió otro grupo empresarial, que incluye a prominentes figuras como William D. Rogers, co-presidente del grupo de estudio sobre las relaciones Cuba-Estados Unidos del prestigioso Council on Foreign Relations de Nueva York, y James Jones, ex embajador de Estados Unidos en México.
Rogers, un demócrata que fue subsecretario de Estado en el gobierno Republicano de Gerald Ford, es un directivo de la firma de abogados Arnold & Porter que defiende los intereses de Panamá en la controversia con el gobierno de Estados Unidos sobre la limpieza de los polígonos.
La delegación será recibida hoy por el presidente Fidel Castro, quien sólo hace unos días fue el anfitrión de un almuerzo de varias horas con los presidentes de las cadenas de televisión CBS y MTV, Les Moonves y Tom Freston, respectivamente, el director de la revista Vanity Fair y Jim Morris, el presidente de la agencia William Morris, que representa a famosos autores de libros y cineastas.
Una noticia sardónica sobre ese almuerzo que fue publicada ayer en el New York Post, alegó que Castro se apersonó vestido en uniforme de campaña, pero que impresionó a los comensales recitando a Maquiavelo y explicando cómo dejó de fumar puros después de ofrecerles una caja de los de su vieja marca favorita, Cohiba.
Rockefeller, quien durante tres décadas fue presidente del Banco Chase Manhattan de Nueva York, fundó el Council for the Americas, una Asociación No Gubernamental dedicada al acercamiento interamericano.
Rockefeller, tanto como Rogers, han exhortado al Congreso de Estados Unidos a levantar una gran parte de las sanciones contra Cuba, con el argumento de que el diálogo y las relaciones comerciales ayudarían a fortalecer la sociedad civil en Cuba, abriendo así una ventana a la democracia en un país que durante más de 40 años ha sido controlado por el régimen fidelista.
Irónicamente el informe fue denunciado tanto por grupos anticastristas en Miami y elementos de la ultraderecha en el Congreso, así como por los medios informativos del gobierno cubano que lo denunciaron como "lesivo a la soberanía cubana".
"Cuarenta años después de la llegada al poder de Fidel Castro es hora de que Estados Unidos reoriente su política, apartándose de Castro para virar hacia la preparación de una transición democrática en Cuba," recomendó el informe.