LA SITUACIÓN económica en el distrito de Barú cada día está más dura. Al punto, que muchas personas tuvieron que regresar al depósito de chatarras de la desaparecida Chiriquí Land Company para desenterrar una gran cantidad de hierros, en busca de una alternativa para ganarse el pan del día.
Niños, jóvenes, mujeres y ancianos no escatimaron esfuerzos para ir en busca de hierros enterrados sin importar cuánto les costara sacarlos; lo único que saben es que al caer la tarde alguien les va a comprar el resultado de su trabajo.
Sólo tres centésimos por libra pagan los compradores de hierro a esas personas, que en medio del lodo y la tierra buscan el codiciado metal.
Con el sudor corriéndole por su rostro debido al intenso sol y a lo duro de la jornada, Luis Bonilla expresó que ante la falta de empleo no les queda más alternativa que ir a sacar esos hierros que estuvieron enterrados por más de 40 años y que ahora representan el sustento para muchos de sus hogares.
En tanto, Gilberto Moreno, un anciano con rostro cansado, recordó que la compañía bananera depositaba el hierro desde que inició labores en Barú.
Nunca se imaginaron que años después esos mismos hierros iban a ser el sustento de muchas familias humildes, que piden a gritos una fuente de trabajo.
Las primeras exportaciones provenientes de Barú se produjeron en 1929.
Cuando la transnacional tuvo su mayor apogeo llegó a contratar entre 6,000 y 7,000 empleados directos de Barú y otros distritos de Chiriquí. Se calcula que hasta B/.70 millones anuales dejaba, entre salarios, prestaciones económicas y compras.
Las huelgas, los constantes conflictos laborales y la crisis internacional del banano motivaron la retirada de la empresa de Panamá. Después de la huelga de 1998 se perdió cerca del 50% de las plazas de trabajo, hasta el punto que al cerrar la transnacional tenía unos 2,900 trabajadores.
En Barú desentierran hierro para poder comer
Los residentes del otrora pujante distrito piden al Gobierno que cree nuevas plazas de empleo.