Nación

Encuentro con la libertad

Hasta el momento nada han dicho las autoridades panameñas sobre el caso del ingeniero en Sistemas.


AFINALES del primer semestre de 2004, por las redacciones de los medios de comunicación corrió el rumor del secuestro de un ejecutivo de empresa.
El personaje en cuestión -según trascendió en aquella ocasión- era un ciudadano de origen colombiano, residente o que trabajaba en Panamá, y el plagio había ocurrido en Colombia.
Las autoridades panameñas no pudieron negar el hecho y aun cuando administraron la información con cierta discreción, pidieron el mismo trato informativo sobre el tema. Varios medios lo registraron en notas esquineras y no se habló más del asunto.
Investigaciones posteriores revelaron que se trataba del ingeniero Julio Arango, un experto en Sistemas que había llegado al país en 1979, para instalar avanzados sistemas computarizados.
La buena reputación lograda en ese momento y lo mucho que le gustó el país, fueron las dos condiciones para que Arango, no solo se quedara en Panamá, sino que se nacionalizara panameño, y con él su esposa.
Luego sus hijas nacerían aquí, y él instalaría con otros empresarios una compañía de Software, que según publicaciones centroamericanas, fue a finales de los años 90, una de las empresas de más crecimiento en la región.
Y esa era la razón que se podía considerar como fundamental para la retención. Arango nada tenía que ver con política o con algún tipo de ilícito, por el contrario, todo indicaba que se trataba de un empresario dedicado a su trabajo. En conclusión la razón del secuestro era estrictamente económica.
Informaciones sin confirmar indicarían después que por su rescate se estaba pidiendo arriba de un millón de dólares.
Por eso, la noche de este martes cuando una fuente amiga me llamó para decirme: "Julio Arango ya está en el país"; había pasado tanto tiempo desde que la información dejó de circular que le pregunté "¿qué Arango?", y tras recordarme el "caso Arango", un extenso cuestionario de preguntas me vino a la cabeza: ¿Cuándo llegó? ¿Cómo fue liberado? ¿Cuánto se pagó al fin por el rescate?
¿Se le podía entrevistar? "Es posible" - me dijo la fuente- y me pidió un espacio de tiempo para consultar, considerando que Arango sólo tenía dos días de haber llegado al país, estaba muy fresco el asunto y por lo general estas situaciones siempre dejan significativas huellas de depresión en la víctima.
Media hora después me llamó y me dijo que sí, y me dio la dirección de donde se encontraba Arango en ese momento. Informé entonces a Panamá América , pedí un fotógrafo, llamé a la fuente y nos dirigimos a la cita.
El tema del secuestro ha sido recurrente en Panamá desde principios de los años 90. La destrucción de las ex Fuerzas de Defensa por la invasión estadounidense de diciembre de 1989, implicó la destrucción también del aparato represivo que se había estructurado para este asunto en los últimos años.
Así, conocidos unos, rumorados otros, el tema del secuestro se convirtió desde esos años en un factor local de inestabilidad y de preocupación, que algunos observadores atribuían, quizá exageradamente, a "una colombianización" de Panamá, dado que esa industria es parte del día a día de ese hermano país.
Más marcado en el primer lustro de los años 90, varios empresarios conocidos o simplemente ciudadanos fueron víctimas de este ilícito, según trascendidos; pero en los últimos años, medidas oficiales entre ellas acuerdos y cooperación bilateral con las autoridades colombianas, parecen haber logrado aquí un relativo control sobre el mismo.
Por eso el secuestro de Julio Arango, en abril de 2004 en una apartada región de la amazonía colombiana, fue un escándalo que transcurrió en voz baja entre autoridades y ciudadanos panameños, porque pese a lo distante del lugar, la víctima era para muchos, un amigo cercano.
La noche del martes de esta semana, cuando llegamos a la entrevista, Julio Arango llevaba una barba montaráz que ese día cumplía exactamente un año de tenerla.
Delgado, de un metro 65 aproximadamente, el experto en Sistemas tenía un rostro agotado, habló con pausa y en detalles, y tras narrar las noches y los días de sus 20 meses de cautiverio, parecía asombrado de estar entre sus seres queridos.
Pero las preguntas de fondo: ¿cuánto pagaron por su rescate? ¿quiénes tuvieron que ver con su liberación?, solo lograron respuestas que generaron más preguntas. ¿Y cómo lo trataron? "Bien -dijo-, siempre fueron correctos"
Es lógico pensar que fresco aun el final del plagio, lo que la familia Arango desea es olvidar lo más pronto posible el desagradable episodio y compartir de la manera más intensa los días venideros.
Pero y las autoridades panameñas ¿tendrán algo que decir? Hasta el final de esta semana nada había trascendido respecto a una eventual entrevista con las autoridades. La propia familia Arango no parecía muy interesada en algo como eso.
Liberado, para él sorpresivamente el 28 de noviembre pasado, algunos aspectos de la operación realizada por sus secuestradores llevan a algunas preguntas que quizá por cierto tiempo no tendrán respuestas.
Por ejemplo. Hubo casualidad en la selección de Arango como víctima. Él piensa -según nos dijo- que la información sobre su persona se produjo en Puerto Inírida, capital del departamento de El Guaviare, en la frontera de Colombia con Venezuela, donde ha residido su hermano por muchos años.
Y fundamenta esa tesis en el hecho de que, de las 14 personas que viajaban en la lancha, que salió el 7 de abril de 2004 de Puerto Inírida, incluida su esposa, los únicos secuestrados fueron él y su prima Beatriz Echeverri, y ambos tienen un familiar en la capital de El Guaviare.
Era de suponer que era a esos familiares a los que inicialmente se les solicitaría el rescate, una operación que pudo haberse complicado una vez los secuestradores confirman que Julio Arango residía realmente en Panamá.
Después de los dos primeros contactos establecidos con la familia de rango en Panamá, los secuestradores no volvieron a dar señales de vida.
Lo anterior descartaría toda posibilidad y vínculo de la operación con una eventual administración de la información desde territorio panameño. De hecho, las autoridades panameñas al parecer, en el último año, han estado empeñadas en impedir que su país sea utilizado para este tipo de ilícito o el trasiego de armas.
Cuando el 28 de noviembre nos soltaron en plena selva temí por mi vida y la de mi prima, nos dijo Arango, pero un viejo campesino al que fuimos entregados por los guerrilleros, nos llevó hasta Las Guacamayas y de allí fuimos hasta Puerto Inírida.
La noche de la entrevista, la presencia de Sandra y sus hijas, junto a Julio Arango nos hizo pensar en una familia cualquiera, trabajadora y sencilla, que, en medio de la vorágine que imponen las crisis políticas, quedan indefensas ante el secuestro o la violencia, una espiral que parece que se va transformando en factor hegemónico del quehacer cotidiano de la gente sencilla, sin que se vislumbre salidas inmediata. Por lo menos en Colombia nadie parece hablar de una salida final.
Las causas del problema y las eventuales alternativas para resolverlo, son, sin duda, reflexiones obligadas para garantizar a la ciudadanía un futuro sin sobresaltos.


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212892
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América