Cuando las sociedades toman decisiones sobre cómo emplear sus recursos de salud, generalmente asignan escasa importancia a la población adolescente, destaca Martha R. Burt en una publicación electrónica de la Organización Panamericana de la Salud.
En su obra ¿Por qué debemos invertir en el adolescente?, la autora destaca que ello ocurre a pesar que, después de la infancia temprana, la adolescencia es la etapa más vulnerable hasta que se llega a la vejez. Agrega que, con un promedio del 21,7%, los adolescentes representan en América Latina y el Caribe una proporción significativa de la población.
Los costos serán considerables si esos jóvenes no llegan a la edad adulta con buena salud, bien educados y capaces de responder a las necesidades de sus propios hijos, advierte.
Enfatiza la importancia para los países en desarrollo de invertir en el adolescente, para prevenir las consecuencias negativas de potenciales conductas de riesgo y para promover el crecimiento sano.