El padre, orgulloso, filmaba la actuación de su hija con su cámara digital. Ella, junto a otra veintena de chicas, bailaba al ritmo de una pegajosa pieza musical en el centro de una tarima, ante cientos de personas que la vitoreaban.
El ambiente era de fiesta. El inmenso salón se llenó de silbidos, mientras los espectadores, la gran mayoría damas con sus hijos, seguían el ritmo de la música.
Nadie, a menos que estuviera presente, contemplando el espectáculo, podría imaginarse que esa joven y sus compañeras, con su gracia, sus movimientos sensuales y su sonrisa pegajosa, estaban tras las rejas de una cárcel de mujeres.
Y es que ayer, las más de 500 reclusas del Centro Femenino de Rehabilitación celebraron el final de la Semana de la Virgen de la Merced, patrona de los reclusos, con diversas actividades artísticas y culturales. Se esmeraron tanto en organizar la actividad, que cualquiera con un mínimo de conocimiento de la emotividad de un ser humano, se percataría de que se aferraban a la alegría momentánea como un náufrago a la tabla de salvación.
Y la oportunidad fue propicia para, como al descuido, presentar una inquietud: mujeres privadas de su libertad, que ya cumplieron las dos terceras partes de su condena, manifestaron su preocupación por las críticas contra las rebajas de pena otorgadas por el Organo Ejecutivo porque, según ellas, afecta sus propios procesos.
En un manuscrito dirigido a los medios de comunicación y firmado por 46 mujeres en esta situación, señalaron que mal pueden ellas pagar para que se les rebaje sus penas, tal como se ha dado a entender en los medios, si las que son extranjeras ni siquiera tienen dinero para pagar el pasaje de regreso a sus países de origen.
Entretanto, las panameñas que pueden ser consideradas para libertad condicional, la mayoría cumple con el papel de madre y padre, por lo que no cuenta con los recursos económicos para pagar, "por debajo de la mesa", este beneficio.
Según la directora del Centro Femenino de Rehabilitación, Marta Navarro de Avila, las rebajas y la libertad condicional son incentivos para estas reclusas. "Pensar que si ellas tienen un buen comportamiento y se ciñen a los programas de la institución, tienen la esperanza de que cuando cumplan sus dos terceras partes de la pena, pueden ser consideradas para libertad condicional, es lo que las mantiene con la moral en alto", señala.
Hoy, con las críticas que se dan, no se sabe en qué quedarán las rebajas de pena, añade.
Ninguna de las que se les ha dado indultos ha regresado al centro femenino, resaltó a manera de justificación de estas medidas.
"Tenemos que irnos a la génesis, qué es lo que está pasando y por qué", resaltó, al tiempo que informó que hay una población de 527 internas y el centro tiene capacidad sólo para 340.
Lo que puede paliar el problema del hacinamiento es la oportunidad de que se les dé rebaja de pena y libertad condicional a muchas de ellas que ya califican para ese beneficio, puntualizó.
Les hizo un llamado a los legisladores Rubén Arosemena y a Jerry Wilson, para que plasmen en una ley las rebajas y la libertad condicional, a fin de evitar que las críticas cada vez que se dan rebajas, indultos o libertad condicional, dilaten los procesos de quienes aún no reciben ese beneficio.
Ahora las internas están desmoralizadas "porque son asiduas a los noticieros y están totalmente informadas de lo que está sucediendo", sustentó la directora del penal.
Una de ellas es Grettel, quien tiene cuatro años y tres meses de estar detenida, sin que se le haya llamado a juicio. El delito que cometió tiene una pena máxima de cinco años y mínima de tres. Soñaba con que la pasada semana saldría libre para ver a su hijo de seis años, a quien cuida una amiga.
Mientras tanto, allá en el centro, las reclusas quedaron imbuidas en su actividad. Unas bailaban, otras se dedicaban a vender las comidas preparadas como parte de "la fiesta alrededor del mundo", actividad que consistió en que, unidas por la nacionalidad, instalaron pabellones donde exponían comidas típicas de los países de origen.
Los ingredientes y todos los elementos que adornaban los pabellones fueron donados por las embajadas y consulados de sus países. Hasta la monarquía de Holanda estaba representada en fotos, así como las banderas de cada nación a la que pertenecen las reclusas extranjeras.
Y las panameñas se destacaron con sus comidas típicas, como el sao, la ensalada de fiesta, el puerco frito y asado, el sancocho y la pesada de nance.
Las artesanías no faltaron, como tampoco los esposos orgullosos y los hijos felices por compartir esa felicidad, aunque fuera unas horas, con su madre.
En tanto, el padre de una jovencita reclusa, seguía filmando con entusiasmo. Su hija bajó de la tarima y se sumó al abrazo y las felicitaciones que, entre todas, unidas por el infortunio, pero también por la esperanza de días mejores, se dieron al concluir la presentación. No en vano se habían preparado durante dos semanas para lograr esa satisfacción.