Cientos de personas vestidas de negro se dieron cita en Changuinola ayer, para despedir a Antonio Smith Montezuma, de 37 años, y a Virgilio Castillo, de 32, ambos fallecidos durante los disturbios registrados la semana pasada en esa ciudad de la provincia de Bocas del Toro.
Aproximadamente a las 10:00 a.m. se inició la caminata hacia el cementerio, y la multitud que avanzaba gritando consignas y portando pancartas, se detuvo en la iglesia de finca ocho donde el pastor Juan Padilla pidió la paz y la resignación.
Las palabras del pastor Padilla, que buscaban dar fuerza a todos los presentes, no fueron suficientes, el dolor afloró desde lo profundo de los corazones, los gritos desesperados de las esposas y otros familiares estremecieron a todos.
Muchos intentaron contener las lágrimas, pero no pudieron, el llanto de los hijos de Smith y sus gritos de “papaaaaaa”, cuando se tiraron sobre el féretro y lo arañaban tratando de despertar a quien ya dormía para siempre, derrumbaron cualquier resistencia sentimental, todos los presentes lloraron, muchos se abrazaron de quien estaba al lado sin siquiera conocerlo (a), los periodistas, acostumbrados a presenciar escenas dolorosas, no pudieron con esta.
Luego de 30 minutos se reinició el recorrido y nuevamente se escucharon gritos de consignas como: “La sangre derramada jamás será olvidada, un pueblo unido jamás será vencido, Antonio y Castillo jamás te olvidaremos, Martinelli y Miller asesinos, el pueblo quiere justicia”, entre otras.
Durante el tiempo que duró el recorrido, decenas de personas se iban uniendo a la caminata hacia el cementerio.
A partir de allí, se observaban personas que abarrotaron ambos paños de la calle que iba desde el inicio de Finca 11 hasta el frente de corrugado; en una extensión lineal de un kilómetro, doblando hacia el cementerio, se unieron otros centenares de personas.
A pesar del candente sol, hombres mujeres y niños continuaron con las mismas energías de cuando empezaron.
Por su parte, Saúl Méndez, dirigente sindical quien asistió al funeral, calificó los recientes hechos como una masacre al pueblo bocatoreño, se hizo un llamado al Gobierno a que se dé cuenta de que el país es de todos, que el pueblo solamente les prestó el poder y pretenden apoderarse de él y no puede ser.
Los presentes se retiraron cabizbajos luego de despedir a quienes consideran sus héroes en la lucha sindical.