Nación

Entre lo típico y lo foráneo

Los cambios comerciales en el distrito alteran la convivencia de los lugareños.


CHIRIQUÍ, Boquete. El que era un pequeño pueblo, cada vez se convierte en un lugar desconocido para aquellos que durante mucho tiempo han vivido en este sector turístico por naturaleza.
Cantidad de ciudadanos de otras naciones están, a paso rápido, instalando negocios, cuyos costos superan los ingresos de cualquier parroquiano.
Ahora, fácilmente se pueden observar desde las primeras casas en la carretera que conduce hacia Boquete, los nuevos negocios que, a su manera, se ofrecen al público, principalmente coterráneo, tales como restaurantes, bares, e incluso, bienes raíces.
En lo que usted baja del bus que lo lleva hasta el parque de Boquete, no se extrañe que lo primero que vea sea a un grupo de norteamericanos conversando en la caseta de espera o una familia de europeos tomándose un café en un restaurante del área.
Se ha hecho tan común para los boqueteños ver en las calles del distrito a personas de otras nacionalidades; por ello, simplemente siguen viviendo sus vidas sin considerar los importantes cambios que se están generando a su alrededor y que, incluso, podrían ir en su contra.
Los locales tienen dos opciones en Boquete, en el caso de que se quiera disfrutar una buena comida o, simplemente, deleitar un buen trago. Si el lugareño ingresa en un local cuyos propietarios son nacionales, puede encontrar precios normales al resto del país y acordes con su bolsillo; sin embargo, si entra en un negocio cuyos dueños son extranjeros, los precios de un mismo producto pueden subir hasta más del doble.
Lo que más alarma a los residentes de Boquete es el despegue que ha tenido la venta de terrenos, los cuales están siendo acaparados por extranjeros.
Hace unos 20 años, se podían encontrar terrenos que se vendían a 0.30 centésimos el metro cuadrado, incluso a orillas de la carretera principal; 0.20 centésimos un poco más hacia adentro de la calle; y a 0.10 los más distantes.
Los visitantes que deciden quedarse a vivir en la provincia chiricana, ya no están contemplando Boquete para ubicar su residencia. Los mismos están buscando otros corregimientos o sectores como Potrerillos en Dolega, Caldera y Renacimiento, porque son terrenos adecuados por su belleza y buen clima.
A los productores nacionales les cuesta mucho invertir en sus tierras para obtener el producto anhelado.


"Y tú Jorge (el más joven), también volverías a cometer el mismo delito cuando sales?".. Sonrío, bajó la cabeza y no respondió.
Una mirada a las celdas que compartieron miles de presos, hoy, a pesar de los años, no deja de ser desoladora. Se respira y se ve la decepción, la tristeza y el deseo de volver junto a los seres queridos que en aquel entonces ocupaba sus días.
En aquellas paredes observamos desde un calendario en el que uno de los detenidos contaba los días que le faltaban para dejar la cárcel hasta a una curvilínea mujer casi desnuda en un recorte de revista.
En la capilla, mensajes bíblicos reposan todavía en el piso. Las hojas de libros de las iglesias católicas o evangélicas están esparcidas por el lugar y el tiempo ya empieza a hacer de las suyas.
Más adelante y tras atravesar un pequeño puente, el local utilizado como panadería permanece abierto.
En Coiba se cosechaba arroz, tenían lechería, un molino y otros tantos productos para el consumo de los internos.
Durante nuestro recorrido no faltó quien atinadamente sugiriera que se tomen medidas pronto antes de que sea demasiado tarde. Solo quedan ruinas de la otrora penitenciaria.
En 1918, el Estado adquirió este territorio y lo convirtió en isla penal. Se establecieron decenas de campamentos para miles de delincuentes.
Expertos ecologistas coinciden en que precisamente la cárcel se convirtió en una barrera artificial de protección, puesto que la fama de sus "huéspedes" y la vigilancia existente, mantuvo al resto de la población al margen.

 

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228210
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América