Instalar la central telefónica era más caro que el propio equipo, que estuvo guardado sin uso durante nueve años en un depósito de la Universidad de Panamá.
Para darle utilidad, la UP decidió donársela a la Universidad Tecnológica para que sea armada y desarmada por sus estudiantes. Nadie quiso comprar la central y la UP, para no quedar incomunicada, tuvo que gastar otra fuerte cantidad.