A los 18 años, Jineth Bedoya Lima, una joven bogotana ingresó a la carrera de periodismo. Mientras estudiaba comenzó su especialización sobre corresponsalía de guerra. Estudió en Cuba y ha proseguido documentándose en el tema, ante la urgente necesidad de capacitarse para poder informar sobre todos los acontecimientos de guerra y conflicto.
Durante su reciente visita a Panamá, en calidad de expositora del Seminario Cobertura de Conflictos y Post Conflictos, promovido por el Centro Latinoamericano de Periodismo CELAP, cuya Secretaria Ejecutiva es Maribel Cuervo de Paredes, Jineth concedió entrevista a El Panamá América y dialogó sobre la situación del periodismo en Colombia.
Según explica, sus inicios en el periodismo fueron en el área cultural. Su vida transcurría normalmente a través de la radiodifusora nacional de Colombia. Y un día, de forma inesperada le retaron las noticias judiciales. Comenzó así a conocer las cárceles colombianas. Jineth es autora del libro Los patios del infierno, obra en la que narra el mundo subterráneo y tormentoso del sistema penitenciario colombiano.
Sus declaraciones son un claro mensaje de esperanza, pero a la vez un acto de valentía. De voz firme y mirada intensa, frágil y menudita, relata que su contextura física ha resultado una ventaja al momento de viajar en los helicópteros, aparatos a los que se ha acostumbrado, porque tiene que viajar con frecuencia.
Me metí de lleno al conflicto, declara. Comencé a cubrir la guerra entre paramilitares y guerrillas. Soy de las pocas periodistas que conoce todo el país. También soy la única periodista que ha podido entrevistar a la guerrilla colombiana después de la ruptura del proceso de paz hace año y medio. Me ha tocado visitar regiones donde la población no tiene qué comer y cómo sobrevivir y en las que reinan los grupos armados.
Según Jinet la vida familiar de una periodista en tales asignaciones es un verdadero reto diario. No se tiene vida personal. Se trabaja las 24 horas de domingo a domingo. El reloj se convierte en un mero objeto de adorno. Por ahora estoy enamorada del periodismo, explica.
Según indica Jinet, siendo reportera de El Espectador, el 25 de mayo del 2000 acudió a la cárcel de Bogotá a realizar una entrevista a un líder paramilitar. Mientras esperaba ingresar al penal, fue secuestrada. La condujeron a un sitio desconocido en el cual la amordazaron, la drogaron y fue sacada violentamente de la ciudad. Fueron 16 horas de angustia. La torturaron, la agredieron sexualmente e intimidaron de todas las formas posibles. Hasta que finalmente la dejaron abandonada en las afueras de una ciudad distante de Bogotá.
En el aspecto profesional he superado el trauma, porque he seguido trabajando como periodista, indica Bedoya. En el plano personal, las cosas no son tan fáciles. Como mujer es difícil de superar.
Con muestras de evidente turbación, Jinet recuerda los momentos más difíciles de su vida. Cuando no sabes si saldrás con vida. Es terrible cuando están frente a la muerte. Mientras estuvo secuestrada una pistola 9 milímetros le apuntaba insistentemente en su cabeza. Golpeaban la pistola contra su cabeza. Solamente esperaba el disparo. En esos minutos la vida pierde su sentido. Una especie de sudor frío recorre el cuerpo. ¿Cuánto me falta para seguir con vida? Se preguntaba.
Una especie de sobrecogimiento y angustia máxima oprime el corazón. Yo presentía que me iba a morir, confiesa. Respecto a su liberación, la situación aún no ha quedado muy clara. Explica Jinet que en principio se pensó que eran los paramilitares por órdenes de Carlos Castaño. A casi tres años del secuestro, hay pruebas que indican que podrían ser los organismos de seguridad del Estado. La abandonan debido a que sus secuestradores usaron su teléfono celular y la Fiscalía ubicó las señales y montó un operativo de rescate. Esta condición motivó su abandono y fue encontrada amarrada, sin ropa en una carretera despoblada. Un taxista la recoge y la conduce a un puesto de policía.
Las salas de redacción han cambiado mucho sobre el campo que se le asigna a la mujer para trabajar. Reconoció Bedoya que en el diario solamente trabajan tres mujeres en al área de orden público.
Los riesgos y amenazas son muy altas y permanentes. Los editores y jefes de redacción han impulsado la labor de las mujeres periodistas. En la redacción prevalece la igualdad en las asignaciones, indica.
De acuerdo con Jinet las asignaciones efectuadas hasta la fecha son de gran peligrosidad: ha estado en medio de combates, viajado en helicópteros militares que han sido impactados, ha dormido en plena selva, ha quedado en medio de fuegos cruzados de toda naturaleza y muchas escenas más. El día que le toca morirse a uno... le toca, advierte la valiente periodista. Con esa convicción salimos siempre de nuestras casas: nunca sabemos si vamos a regresar. Para los periodistas el miedo es un lujo.
Según advierte todas las disposiciones internacionales que protegen a los periodistas son letra muerta. Lamentablemente, en toda América Latina los periodistas no son entrenados para cubrir los hechos noticiosos en situaciones de conflicto. Nos ha tocado aprender en la marcha, en base a ensayo y error, explica. No hay una real protección. En Arauca, todos los periodistas están amenazados de muerte. Por espacio de un mes, los micrófonos, las páginas informativas y los canales de televisión no informan porque no hay condiciones para la protección de la vida de los periodistas.
Según explica, las estadísticas sobre la situación de los periodistas en Colombia está clasificada como de alto riesgo: en el año 2003, 73 periodistas han resultado heridos en actos violentos. De ellos 27 son colombianos. Colombia vive desde hace 45 años la más cruenta guerra civil de América Latina en el siglo XX. Las noticias de muerte, secuestros y torturados son permanentes. Según fuentes internacionales en Colombia se reportan 5 actos terroristas diarios. Existen 5,700 personas en cautiverio.
Según indica, los periodistas colombianos se han convertido en magos de la redacción. Cada vez que se redacta un artículo, se sabe de antemano que alguna de las partes estará en desacuerdo y esto puede ser una sentencia de muerte.
Las amenazas no se hacen esperar. Hemos aprendido a equilibrar las cargas. Pero la cantidad de amenazas es permanente. Se manda así a los sicarios a matar a los periodistas. Con gran valentía Jinet advirtió los vicios en que incurren un gran sector de periodistas.
Se creen intocables, o piensan que su carné de prensa los faculta para intervenir en los conflictos, o para correr más riesgos de lo que el sentido común indica que no se debe asumir. A veces nos hacemos los mártires, confesó. No se ha sabido manejar correctamente la información sobre el conflicto. Sabemos que tenemos el 50% de la responsabilidad de lo que acontece en el país. No estamos listos para la autocrítica. Esos son los errores que se viven en el periodismo colombiano. En el año 2003 en Colombia han sido asesinados cuatro periodistas.
La situación de Jinet es muy peculiar: según indica se trabaja por amor a la profesión. Cuando se sale a cubrir un combate, el periódico les tramita un seguro de vida por ese viaje y asignación periodística. Sin embargo en Colombia no se tiene un seguro de vida general: No hay garantías personales para nadie. La Corte Constitucional inclusive les ha negado a los periodistas el amparo. No cuentan con tarjeta profesional porque no se les considera como una profesión, sino un oficio: como si fueran pintores, artistas u otros oficios.
Explicó que tiene escolta particular, suministrada por la Policía Nacional. Viaja en un carro blindado en medio de policías. Pese a ello su teléfono es interceptado y se le vigila más de lo normal. Solamente logra zafarse de ellos cuando cubre noticias en zonas de combate. Luego del secuestro procura mantenerse en "el punto medio", es decir, ni aparecer rodeada de los paramilitares, ni con los funcionarios del gobierno, ni con los grupos guerrilleros. Y este detalle técnico ha sido su pasaporte para mantenerse con vida. Ese es el rol del periodista. Informar con el mayor grado de objetividad posible, sin asumir posiciones personales ante los conflictos. En Colombia, actuar de forma contraria, es firmar su orden de muerte, advierte.
Con gran valentía explicó que le incomoda que las amenazas que recibe provienen de los mismos organismos de inteligencia de Colombia.
Al ser interrogada sobre el significado del periodismo se mostró identificada con la definición ofrecida por Gabriel García Márquez: "el periodismo es el mejor oficio del mundo"; Para mí es la mejor profesión y el mejor medio para mejorar un país. Los medios de comunicación son la clave para el éxito o el fracaso de las soluciones que espera cada país. Sin embargo, los periodistas no estamos conscientes de esta situación, advirtió. Los medios de comunicación tienen la fuerza de subir o bajar a un presidente. Ese poder se emplea de forma incorrecta.
Sobre sus planes futuros, Jinet indicó que desde el día en que sufrió el atentado se hizo el firme propósito de vivir cada día con intensidad, como quien sabe con certeza que cada hora es un regalo y que la vida de un periodista de Colombia es totalmente distinta a la de muchos profesionales en otras regiones del mundo. Se vive al filo de la navaja. Se acabaron las proyecciones a largo plazo. No sé en qué momento se me acabe todo lo que tengo. Esta convicción me ha servido mucho. Es mejor ir creciendo día a día e ir alimentando proyectos que crezcan día a día, afirma con voz entrecortada.
La respuesta se dio sin vacilación, como quien se lo ha preguntado muchas veces y tiene una conclusión. Al respecto indica:" Soy una mujer que ama lo que hace, que tiene una causa, que es ir progresando día a día. Poder escribir y comunicar lo que ve. Me encanta llegar a esas comunidades que forman parte de la geografía nacional. Informarle a la sociedad que esas regiones existen en el territorio colombiano y en el mundo. Soy amante del teatro... pero no me queda tiempo para disfrutarlo
Explica con orgullo que es ganadora del Premio Internacional a la Libertad de Expresión en Canadá y el Premio Mundial al Coraje Periodístico en Nueva York en octubre de 2001. Las grandes cualidades del periodista van más allá de las frías definiciones del diccionario, indicó. Ética es respetar el dolor de las personas a quien entrevistamos. Etica es no buscar favores. Es no casarse con las fuentes. La circunstancia de trasladarse a una zona guerrillera cubriendo diálogos de paz por espacio de varios años, no debe significar que se convierta en amigo de los guerrilleros. Al ser interrogada sobre su " retiro temporal" del periodismo, ante la ola de amenazas que la acechan respondió con extrema audacia: "La hora de mi tregua aún no ha llegado". Los periodistas vamos a seguir informando la verdad.
Pese a todas las amenazas, no voy a salir de Colombia, confiesa con firmeza. Le han ofrecido toda clase de oportunidades para alejarla de la tormenta. Le ofrecieron 14 asilos políticos, becas, trabajo en otros países. Aún tengo mucho que hacer por mi país. No voy a salir de Colombia porque no le debo nada a nadie. El exilio no existe para mí. Prefiero morirme en Colombia, antes de llegar a otros países a mendigar compasión o buscar trabajo. Mi trabajo es en un país llamado Colombia y mi reto es informar al mundo sobre sus luchas. Esas son mis convicciones... aún a costa de mi vida.
La opinión generalizada de los periodistas colombianos respecto a la crisis es que no existe salida pronta posible. Han pasado acontecimientos que han rebasado la copa de la soportable, y sin embargo sabemos que lo peor está por venir. Nos da mucha tristeza lo que sucede en el país. Colombia tiene muchas cosas que dar. A veces no sabemos si apostarle al diálogo o la guerra total. Si es guerra total, creo que el país quedará muy mal. Va a llegar el momento en que todo va a colapsar.
Se lamentó de la frágil memoria histórica de la opinión pública colombiana. Es una sociedad civil totalmente pasiva que se mueve según los intereses que le convengan. En Colombia somos en gran medida culpables de lo que ha ocurrido. Hay una especie de amnesia colectiva. Han olvidado lo ocurrido recientemente. Prevalece la indiferencia. Han olvidado crímenes espantosos que estremecieron a la opinión pública nacional e internacional. Los crímenes de candidatos presidenciales, las masacres de 107 campesinos en una sola noche. En estos momentos estamos conmocionados por el asesinato del Gobernador de Antioquia... pero el domingo ya no se van a acordar. Esa es la gran falla de la sociedad civil colombiana.
Según explica, su misión profesional en Panamá con un grupo de periodistas es muy alta. Está convencida de la necesidad de compartir su experiencia y que a la vez se comprenda integralmente la crisis colombiana y cómo los periodistas se han ido formando y creciendo profesionalmente. Luego de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, Jinet recibió invitación para compartir sus experiencias con el equipo periodístico de CNN. Fue un honor aseguró. Los periodistas mostraron especial interés para capacitarse sobre cómo cubrir hechos terroristas.
Escribir bajo amenaza de muerte
Las terribles experiencias de una periodista colombiana que fue secuestrada y cuenta las zozobras del oficio en su país.