Nación

Estados Unidos vive nueva confusión política


Washington.- Muchos estadounidenses parecen abrumados por la sensación, dado que una semana después de las elecciones presidenciales aún no se ha definido quién es el ganador y sus instituciones democráticas enfrentan una seria crisis.
Pero la mayoría está lejos de compartir la jocosa reacción latinoamericana y europea-con alguna ayuda de la televisión de este país- que el venerado sistema constitucional del que tanto se enorgullece Estados Unidos está a dos pasos de transformarse en una "republiquita bananera".
"La crisis está más en las percepciones y en los medios informativos que en el sistema", opina el historiador Arthur Schlesinger en una conversación con este corresponsal. "Lo que hay es una gran confusión política parecida a la que siguió por unos días la elección de John F. Kennedy en 1960".
Schlesinger, que fue asesor de Kennedy en la Casa Blanca, y es autor de unos 30 libros,
sostiene que "toda esta pugna entre los dos bandos con sus impugnaciones, recuentos, retos legales, es la mejor prueba de que las instituciones y el sistema funcionan".
"Que no se preocupen en el exterior, porque nuestras leyes no dan suficiente tiempo para darle solución a este caso y entonces tendremos un nuevo presidente a quien todos respetarán y todo volverá a calmarse," añadió. "Las instituciones están funcionando con gran fluidez".
Por cierto, hay quienes discrepan con esta demostración de confianza en el sistema, señalando que el voto del 7 de noviembre "fue un voto de la ambigüedad" hacia el gobierno. Los corresponsales del matutino mexicano "La Jornada", estiman que detrás de esta incertidumbre existe el temor de la cúpula.
Son muchos los que fuera de Estados Unidos se burlan del espectáculo de confusión como un acto supremo de justicia que castiga la arrogancia desplegada por los bandos en litigio y tradicionalmente por toda la nación que desde el colapso de la Unión Soviética se cree como, en las palabras de la secretaria de Estado, Madeleine Albright, "la nación indispensable".
Un ejemplo es el siguiente mensaje de Daniel Samper, el afamado columnista de El Tiempo de Bogotá, a un colega estadounidense que lee: "No te imaginas la indescriptible alegría con la que miramos desde el sur bananero este traspié de los poderosos vecinos del norte, los que siempre nos dijeron cómo debía ser la democracia y de qué manera deberían ser las elecciones".
Anteriormente, el abogado Eloy Alfaro, ex embajador de Panamá en Washington, expresó: "Cómo podríamos llamarle a esto, o mejor dicho, cómo le estuvieran llamando los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos y del Departamento de Estado, los "observadores" de los Estados Unidos, los Senadores y los Congresistas de los Estados Unidos a esta situación si ella se hubiera dado en Panamá o en cualquier otro país del hemisferio, de aquellos que por años se han mofado describiendo como "Banana Republics"? Estarían pegando "el grito al cielo". No crees que, por ejemplo, podría este fotofinish calificarse como "nepotismo electoral"?
Asimismo, Hermann Tersch, comentarista internacional del periódico madrileño El País, escribe: "Aquí, en Panamá, estos días, mientras se prepara la inminente Cumbre Iberoamericana, como en los países que estarán representados en ella, se oye con frecuencia la frase de que "eso les pasa por no dejarnos participar en la elección del presidente yanqui a los realmente afectados, es decir, a nosotros, mexicanos, panameños o colombianos, a los latinoamericanos". O europeos, cabría decir.
"También hay en el patio trasero de EEUU una evidente satisfacción ante las denuncias de irregularidades, chapuzas escandalosas y falta de fiabilidad en los recuentos que han surgido en ciertos condados del decisivo Estado de Florida. "Ellos, que se consideran los únicos legitimados para dar credenciales democráticas a las elecciones en cualquier punto del universo, mire cómo lo hacen". Las dificultades de los norteamericanos consigo mismos siempre son bienvenidas en sociedades que nunca se han sentido tratadas con respeto por el imponente vecino del norte".
Schlesinger, autor de aclamadas biografías de Jefferson, Franklin Roosevelt, John F. Kennedy y Robert Kennedy, anotó que la reacción del exterior tiene tintes de lo que los alemanes llaman Schadenfreude, que podría traducirse como la satisfacción que uno podría sentir ante los problemas de otros.
"No hay duda de que muchas de estas mofas son una reacción ante la arrogancia con que Estados Unidos tiende hacer alarde de su sistema político y de su poderío económico y militar", señaló el catedrático. "A la larga esto puede que tenga un efecto saludable".
Bromas aparte, el propio presidente Clinton reafirmó su confianza en una eventual resolución de la crisis política y sobre la fuerza institucional de su país, al iniciar el lunes un viaje de cinco o seis días al Lejano Oriente, dejando a Gore encargado del gobierno.
Debe destacarse de que mientras que los titulares de prensa y los noticieros de televisión enfocaban incertidumbre y una atmósfera de alarma, desde el día de las elecciones Clinton se mostró inmutable, una actitud que cundió por todos los círculos oficiales de Washington. Por ejemplo, Schlesinger fue entrevistado por teléfono en Nueva York después de regresar de la capital donde asistió a una elegante cena de gala que Clinton ofreció a 200 personas en ocasión de celebrar el segundo centenario de la inauguración de la Casa Blanca. Entre los invitados figuraron los ex presidentes Bush, Ford, Carter y la viuda del presidente Lyndon B. Johnson. Ford y Carter aprovecharon la ocasión para hacer un llamado al bipartidismo.


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101 años de Panamá América

 
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