El 19.3% de la población desempleada del país pertenece al sexo femenino, mientras que el 13.9% es del sexo masculino, lo que constituye una diferencia porcentual del cinco por ciento en detrimento de las mujeres, revela un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Al conmemorarse ayer el Día Internacional de la Mujer, los estudios de la OIT demuestran que las mujeres siguen siendo marginadas y la brecha de equidad entre hombres y mujeres que trabajan aumenta cada vez más en América Latina.
Detalla el informe que las mujeres trabajadoras sufren con mayor intensidad los efectos de la crisis social y económica que afecta la región. A pesar de que las mujeres latinoamericanas representan más del 50 por ciento del total de profesionales y técnicos, siguen estando peor pagadas que los hombres y sufren más la desocupación y la precariedad laboral.
Además, padecen un trato desigual en el empleo y continúan asumiendo la mayor parte aunque no la totalidad de las responsabilidades familiares. Para el director general de la OIT, Juan Somavía, es necesario incorporar la dimensión de género en las políticas de lucha contra la pobreza y generación de empleo e ingresos, de lo contrario los márgenes no disminuirán.
El informe precisa que la desocupación urbana en América Latina alcanza a 17 millones de trabajadores de ambos sexos, situándose en el nivel más elevado de las últimas dos décadas. Según el Panorama Laboral de la OIT 2002, el índice del desempleo en la región es muy superior en el caso de las mujeres a excepción de Argentina, donde los hombres duplicaron a las mujeres.
De acuerdo con los cálculos estadísticos la cifra promedio ponderado de la tasa de desempleo femenina urbana en América Latina es del 9.4%, lo que indica que existen 6.5 millones de trabajadoras desocupadas en la región.
De igual forma, el porcentaje de mujeres dedicadas a la economía informal urbana aumentó del 47.5% al 50% y se mantiene por encima al de los hombres. Destaca que la calidad de los empleos femeninos en el sector informal es inferior a la calidad de los empleos masculinos puesto que las mujeres trabajan en mayor proporción en actividades desprotegidas, tales como el trabajo familiar no remunerado, el trabajo a domicilio y el servicio doméstico.
Los datos señalan que el 38% de las asalariadas no cotizan a la seguridad social, alcanzando el 72% en el caso del sector informal y se estima que el 80% de las mujeres económicamente activas no tienen protección alguna de las instituciones de seguridad social.
Sin embargo, existen algunos signos alentadores como la reducción en las diferencias salariales, la presencia y representación efectiva de la mujer en los procesos de diálogo social y la inclusión sustantiva y permanente de la dimensión de género en la agenda social de la región.