EN COMPARACIÓN con Centroamérica, Panamá es el país que más plaguicidas ha prohibido, un total de 61; y aunque no ocupa los primeros lugares en intoxicaciones en la región, el número de éstas no es bajo.
Un estudio del Proyecto Aspectos Ocupacionales y Ambientales de la Exposición a Plaguicidas en el Istmo Centroamericano (PLAGSALUD), estimó que por cada intoxicación aguda comunicada a las autoridades médicas, existen 94 casos sin reportar. Es decir que durante el 2003 pudo haber no 402 intoxicaciones sino 37,788.
Los entendidos señalan que la legislación en materia de estos productos es buena, lo que falta, es un sistema de monitoreo y vigilancia eficiente en los puertos de entrada y lugares de expendio de los químicos.
En los últimos años la importación de plaguicidas aumentó, sólo en el 2003 se importaron 6,385,386 kilogramos. Tristemente esta cantidad de sustancias con potencial letal no se maneja adecuadamente.
La profesora Anabel Tatis, ex consultora nacional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y catedrática del departamento de Farmacología de la Universidad de Panamá manifestó que los trabajadores agrícolas saben cómo manipular estas sustancias, lo que ocurre muchas veces es que su actitud y sus circunstancias no son siempre las mejores.
Creen en la eficacia de los productos y tienen presiones económicas que les obligan a obtener una cosecha abundante. Hay ciertos bancos que dentro de los proyectos le exigen al productor la descripción de los plaguicidas a utilizar, una presión más de su ambiente.
Muchos tampoco tienen agua potable y lavan la bomba de aspersión en ríos, contaminándolo junto con el suelo. También fumigan a horas inadecuadas, con el calor del sol sudan profusamente, provocando que los químicos se adhieran y sean absorbidos por su piel con mayor facilidad. Además el riesgo que corren, los trabajadores del campo pierden su inversión pues los rayos solares destruyen la eficacia de los plaguicidas.
Tatis cree que se les debe dar alternativas y otros métodos, a saber la agricultura hidropónica y orgánica.
Las intoxicaciones por plaguicidas son más comunes en las zonas agrícolas del país, pero en las zonas urbanas también se registran numerosos casos. En las viviendas particulares, por ejemplo, las personas compran sustancias usadas en la agricultura para combatir el comején y otros insectos domésticos, pensando que son más efectivas.
Luego, como explicó la directora de la Sección de Toxicología del Centro de Investigación e Información de Medicamentos y Tóxicos, Ildaura Patiño, están desesperados porque hasta la mascota se intoxicó.
A Patiño le ha tocado recibir muchas de éstas llamadas.
Agregó que en las instituciones públicas y empresas privadas se realizan fumigaciones sin advertir a los empleados que deben esperar un tiempo prudencial y limpiar muy bien su área de trabajo luego de éstas. "Debe haber una norma para que se señale los lugares que han sido fumigados con la fecha y hora cuando se realizó el procedimiento".
Patiño señaló que en términos generales toda sustancia química bien manejada no representa un peligro. Las precauciones para su uso son llevar la vestimenta y equipo adecuado, almacenarlos y prepararlos en una infraestructura determinada y rociar el químico a horas adecuadas, de preferencia temprano en la mañana.
Se ha encontrado relación de los plaguicidas con la manifestación de determinados tipos de cáncer, el Mal de Parkinson y tumores.
(ver gráficas en la página A4 del diario impreso.)
Existen sub registros de envenenamientos en Panamá
A pesar de contar con buenas leyes sobre el tema, las intoxicaciones y muertes no han cesado, según las estadísticas.