EL AGUA de pipa calmó la sed y el hambre de los padres de Yuneida. Un malestar menos. Ahora les preocupa que no tienen plata para regresar a Panamá a ver a su hija.
Esta realidad se repite en varios pueblos. En Boca de Paya está Luceli Gutiérrez, una emberá con una bebé de un año, que tiene ocho días con asma. Su rostro famélico y constante llanto alerta una desnutrición que avanza.
A su edad, la niña ni siquiera intenta caminar, y aunque la remitieron a un puesto de salud en Basal, no puede llevarla. No tiene balsa ni plata para gasolina.
El pueblo de Boca de Paya, donde vive, supuestamente es acusado de colaborar con la guerrilla. Dicen que por eso están marginados.
Para dar una idea, un gato solo fue el bocado para más de 75 pobladores. El cacique lo cazó, y así benefició a los hijos de cada familia.
"Aquí no llega nada", dijo José Domicó, asegurando que hay temporadas en que los policías no dejan subir la comida por rumores".
Tampoco llega la atención médica y no hay maestro desde el año pasado. Solo los ayuda la Cruz Roja y las monjas de El Real.
En Boca de Paya solo comen arroz, plátano o huevo, pero a veces no hay nada.
Allí cosechan para sobrevivir, pero ésto no contrarresta la falta de alimentos ni la presencia policial para que sean llevados.
Son ignorados bajo el argumento de ser "zona roja".
A falta de alimentos en Darién se come animales de monte
Por la presencia de los periodistas, los policías se vieron obligados a ir al sitio, tras un año de ausencia en la zona.