La ciudad de Panamá y el distrito de San Miguelito, son dos focos de explotación sexual comercial de la niñez, por ser localidades de importante concentración poblacional, alto nivel de pobreza y elevadas proporciones de niños/as en la calle.
El estudio "La explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes en Panamá", realizado por el Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá y el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) para Centroamérica, señala que la Explotación Sexual Comercial (ESC) incluye las relaciones sexuales remuneradas, la utilización de personas menores de edad en espectáculos o material pornográfico y el tráfico de niños y adolescentes con fines sexuales.
La investigación de campo efectuada en el 2001, estudió a unos 50 niños de la ciudad de Panamá, entre 11 y 16 años, e igual cantidad en San Miguelito para conocer las características de las víctimas de la explotación sexual comercial.
La mayoría presentaba un cuadro familiar disfuncional y sus miembros están relacionados con el consumo de droga, la prostitución y el incesto. Unos 32 menores declararon tener hijos; diez de las niñas habían tenido su primer hijo a los 13 años de edad.
Además de los riesgos para la salud y la vida estaban los de las drogas, ataque físico y psicológico por clientes, desprecio familiar, contagio de enfermedades venéreas. Al respecto, un niño declaró haber sido contagiado de SIDA y ocho niñas, haber sido embarazadas por clientes.
Un 87% de los clientes son hombres, cuyas edades oscilan entre los 22 y 29 años de edad. Además se estableció que el 85% son panameños y el resto, extranjeros.
Gran parte de los encuestados dijo que los clientes los buscaban en las calles, pero revelaron un número importante de casos en los que había un intermediario entre la víctima y el cliente explotador, y entre éstos se incluyen amigos, proxenetas, hermanas, primas, incluso sus propias madres.
El diagnóstico deja por sentado que existe una tolerancia social generalizada. Un motivo puede ser el temor de la persona a inmiscuirse en el problema, ya que la prostitución de menores está acompañada, en la mayoría de los casos, del narcotráfico y de las bandas juveniles.
No fue hasta mediados del 2000 cuando un reportaje de una televisora extranjera destapara que personas sin escrúpulos estaban violando los derechos humanos de la niñez y adolescencia.
En Panamá se desconoce cuántos menores viven esta realidad. La Explotación Sexual Comercial (ESC) de la niñez y la adolescencia es comparable a la esclavitud y al trabajo forzoso. Las víctimas sufren graves daños físicos, como embarazos no deseados, Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), lesiones por violencia física, daños psicológicos, sociales y problemas de comunicación.
Un documento sobre esta situación en Centroamérica, Panamá y República Dominicana (OIT/IPEC, mayo 2004), señala que no fue sino hasta junio de 2000 cuando quedó al descubierto la red. Esto permitió evidenciar que la legislación penal favorecía la impunidad de este delito y otros sobre el tema, pues no estaba tipificado en las normas penales.
Fue en marzo de 2004, con la Ley 16, cuando se dictaron disposiciones para prevenir y tipificar los delitos contra la integridad y la libertad sexual, se modificaron y adicionaron artículos a los códigos Penal y Judicial para procesar y sancionar a los responsables de la ESC, un negocio en el que operan redes criminales similares a las del narcotráfico.