Científicos y ambientalistas no cesan en la búsqueda de nuevos hallazgos en el Parque Nacional de Coiba. Los estudios involucran aspectos medicinales. Entre éstos: una posible medicina para combatir la malaria, según conoció El Panamá América.
Los más recientes análisis del Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian revelan la presencia de un compuesto activo en un coral suave que podría ser utilizado para combatir este mal.
El proceso de estudio apenas comienza, pero mientras se certifican las propiedades medicinales del coral, el químico, Todd Capson, adelanta giras a la región y realiza descubrimientos frecuentes.
En palabras de Ross Robertson y Héctor Guzmán, ambos ecólogos del Smithsonian, que han participado de estos viajes iniciados en mayo del año 2002, "es mucho lo que nos queda por hacer" en la isla de Coiba.
Se calcula que hay 1,700 hectáreas de arrecifes plenos de raras especies en peligro por la pesca sin control. Desde especies nuevas hasta un posible remedio contra la malaria. La lista del potencial de la isla de Coiba parece interminable y la amenaza de la aprobación de una ley sigue latente. En opinión de científicos y ambientalistas, la salud ecológica del parque pende de un hilo.
Son más de 30 años de estudio los que lleva adelante el Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonians, sin embargo, "ha sido una visión bastante miope de la realidad marina a falta de una escala de muestreo adecuada", según expresó a El Panamá América el ecólogo marino de este centro, Héctor Guzmán.
Y es que a su juicio, debe tratarse de una medición que, dé luces a las personas a quienes corresponde tomar medidas, se trata "de una decisión de manejo de forma integral".
Al deforestar se genera material cuyo destino final es el mar y "éste es un ecosistema abierto. Resulta imposible limitar con letreros que digan: ´Campesinos no entren o vacas de aquí para allá´". Así lo define Guzmán.
Para Guzmán, la respuesta no es tan sencilla. En ambas, el peligro viaja a gran velocidad. "Se ha subestimado el concepto". Guzmán asegura que, originalmente, al hablar de pesca artesanal, se aludía a una embarcación pequeña, de unos 20 pies, con capacidad mínima de carga, a diferencia de los barcos con grandes neveras. "Pero el cuento histórico de toda Centroamérica es que la flota se ha triplicado y, por ende, la nocividad".
Estas "embarcaciones chicas" están además equipadas con tecnología. Un aparato que registra la profundidad y encuentra a los peces cuesta apenas B/. 150 y un GPS (Sistema de Posicionamiento Global) sólo unos B/. 200, es decir, "cualquiera que los tiene, dejó de ser artesanal".
Ello aunado al arte de pesca. Se ha intentado la regulación de los trasmallos y su colocación; infructuosamente. "Si uno se tira a los arrecifes del parque se encuentran en el fondo los pedazos de trasmallos que arrastran, entre otras cosas, peces que no llegaron a reproducirse ni una sola vez, además de destruirse el hábitat".
Coiba es un área virgen. Los entendidos en materia ambiental coinciden en que el centro penal ha puesto su granito de arena en que el sitio se conserve casi inédito. Las cifras certifican lo anterior. Son unas 44 mil hectáreas de bosque primario poco alterado, casi 5 mil de bosque secundario y únicamente mil 700 alteradas para cultivo, "no es nada... aún".
A su vez, se popularizó la frase "240 hectáreas de arrecife coralino". Los estudios del Smithsonians han revelado que se trata de alrededor de mil 700, incluyendo arrecifes no conocidos anteriormente y las comunidades coralinas. Las coberturas de coral vivo oscilan entre 1% y 76% en los diversos hábitats.
El parque de Coiba es el segundo lugar donde el que Smithsonian ha efectuado análisis profundos. El primero fue Kuna Yala, subraya Guzmán.Han sido utilizadas varias herramientas, entre éstas, análisis de imágenes de satélite "porque la escala es muy grande", localizando así las áreas potenciales de diversidad.
Al sobrevolar la visión se ha expandido. Un desastre ecológico ya está tomando forma. "Desde arriba se aprecia una pluma de sedimento rojo que entra a Bahía Damas. Es un mínimo espacio en proporción a los arrecifes de otras áreas, pero está ocurriendo". Las causas, simplemente: el manejo de la prisión y su ganadería y cultivos.
Sin embargo, la batalla no está perdida. Son sitios que pueden ser restaurados con material nativo del área, evitando también la erosión, lo que se lograría con la participación oportuna de científicos, ambientalistas y expertos en el tema que se unan para contraatacar. "Estamos a tiempo".
Biológicamente, el sistema marino tiene la capacidad de regenerarse solo, pero hay que "darle un rincón donde hacerlo. Coiba sería el arca de Noé que permitiría que se exporten larvas a otros lugares donde van a crecer los peces".
¿Qué hacer y cómo? Guzmán enumera la necesidad de educación, capacitación y señalización (por polígonos). Además, es prioritaria la presencia de suficientes guardaparques que hagan cumplir la ley. "Es manejo y protección, no prohibición".
"No estábamos preparados ante nuestra propia ignorancia", sostiene Guzmán, al tiempo que aclara que "llegamos a un lugar que asumíamos que, después de tantos años de investigación, estábamos cerca de conocerlo por completo". Citó, como ejemplo, el caso de los corales suaves. En 30 años de estudio se conocían 3 ó 4 especies, mientras que a la fecha, desde mayo de 2002, se sabe de la presencia de unas 36 desconocidas para Panamá. Entre 7 y 12 de éstas, nuevas para la comunidad científica.
"Estamos agotados únicamente con la descripción de nuevas especies", lo que corresponde a una rama de la ciencia denominada Taxonomía. En tanto, no existía informe alguno en el país sobre esponjas. Y hasta el momento se han contabilizado 12 especies. De ellas dos presentan componentes activos utilizables para fines medicinales y de las dos, una era ajena para la ciencia.
Cada paso de la investigación marca el rumbo hacia un futuro prometedor en lo que a hallazgos e hipótesis se refiere. El Instituto Smithsonian, compañías farmacéuticas, Laboratorio Gorgas, la Universidad de Panamá, entre otras, llevan a cabo ensayos de los productos medicinales. Lo obtenido ha "sorprendido" a los propios científicos. En uno de los corales suaves fue encontrado un compuesto activo para la malaria.
"¿Y cómo se identificó?", preguntamos a Guzmán, a lo que explicó que en este caso en particular, todo empieza "como cocina elemental. Se extraen los compuestos y se aislan. Son identificados entonces a nivel molecular y se compara luego con los libros de lo que existe y lo que no". Lo anterior puede degenerar en un compuesto nuevo o alguno existente "que ya ha sido aislado, publicado y con patente, incluso".
Paralelamente, mientras se trata de identificar el compuesto, se tienen las cepas de los virus, bacterias y hongos y se empieza a inocular fracciones del encontrado. Es un proceso de varios pasos y cuyo reconocimiento final puede tomar hasta 10 años mínimo, asegura Guzmán.
Lo cierto es que "si se diera el caso que se descubre una medicina contra la malaria, porcentualmente el país recibe una parte, el instituto o la universidad correspondiente otro tanto y la farmacéutica el resto". Sencillamente Panamá entraría en una nueva era de descubrimientos científicos, considera Guzmán y "todos ganan".
Héctor Guzmán: "No se trata de prohibir, hay que borrar ese concepto de los conservacionistas. Se trata de manejar, pero con una pieza de legislación muy nítida "qué es qué y quién va a hacer qué". Es obligatorio un equipo multidisciplinario".
"La crisis de empleo está en tierra firme, por lo que lo ideal es el establecimiento de los hoteles, si es lo que se quiere, en la costa, porque de lo contrario, (en la isla) hablaríamos de un turismo "elitesco"".
Stanley Heckadon (Smithsonian): "Es conveniente la creación de un patronato o fundación para que el sector privado contribuya económicamente. Debe incluirse la representación del Gobierno central, municipal, sociedad civil, conservacionistas. La presidencia del patronato debe rotarse". "Urge además que los propios veragüenses conozcan el potencial del parque y aprendan a preservarlo".