Nación

Funcionarios obligados a informar de corrupción


Mañana vence el plazo para que las entidades gubernamentales, sin excepción, adopten un código de ética que regirá el proceder de los servidores públicos en el desempeño de sus funciones, tal como lo dispone la Ley 6 sobre Transparencia en la Gestión Pública.
La ley, sancionada el 22 de enero de este año, estipula que las entidades tendrían un plazo no mayor de seis meses para aprobar y adoptar normas que ayuden a los funcionarios a actuar correctamente.
Este código obliga a los servidores públicos a informar al superior sobre actos de corrupción y determina mecanismos para hacer efectivo el cumplimiento de las normas de conducta.
El artículo 27 de la Ley 6 dicta que "toda agencia o dependencia del Estado, incluyendo las pertenecientes a los órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial", adopten y publiquen sus respectivos códigos de ética para el correcto ejercicio de la función pública.
También se incluye a los municipios y juntas comunales, y en todos los casos los códigos deben publicarse en la Gaceta Oficial. En estos códigos deben incluirse aspectos como el conflicto de intereses, uso adecuado de los recursos asignados y declaración de valores.
En secundaria, explica el subdirector general de Educación, Anatolio Guizado, se puede ver mayormente en el séptimo grado. Allí hay una deserción por el cambio a otro sistema de evaluación. Se evalúa por asignatura, de manera que el joven es promovido de año, no por la suma total, sino por cada materia.
Para sustentar que es un problema de pobreza, Äguirre describió la situación en Kuna Yala, que según el último estudio hecho por el Ministerio de Economía y Finanzas, ocupa el primer lugar de pobreza. Relacionó la deserción y la repitencia (cuando un niño reprueba varias veces un mismo grado), y reveló que allí los niños demoran 10 años para terminar la primaria.
Agregó que le siguen Bocas del Toro, Chiriquí, Darién y Veraguas, donde los niños demoran más en salir de la escuela y los niveles de deserción son mayores en el primer grado. En estas provincias con población indígena los índices se disparan, pero donde no hay es diferente. (Ver el cuadro de deserción de esas provincias y años que los niños demoran en terminar la educación)
Pero, señala Aguirre, el caso de secundaria es mucho más complejo porque no está distribuida uniformemente en todo el país, además de que existen cifras pero no estudios. "Habría que hacer un estudio muy profundo y si lo vemos a niveles de UNESCO, no hay estudios porque la prioridad es la Educación Básica", aseguró. Plantea que el tema es poco explorado, no solo en Panamá, sino en el ámbito internacional: "Si hay pocos en primaria, menos hay en secundaria", destacó.
Para Gloriela Céspedes, directora del Servicio Psicoeducativo del Ministerio de Educación, con 23 años de experiencia en el sistema, como no se lleva ningún registro cualitativo de por qué el estudiante deserta, cuando se habla de este tema se hace referencia al factor económico De acuerdo con su experiencia, se produceporque los niños no tienen dinero o comida y " si no está nutrido, no tiene los útiles, es un niño que puede desertar o reprobar".
Otro factor es el rompimiento de las familias, el divorcio, que puede influir. Pero en secundaria se puede deber a otras razones: el embarazo en las adolescentes, que hay que prestarle atención. Entre otras causas destacó los problemas de aprendizaje, por la falta de orientación de los padres y porque las necesidades educativas especiales de los niños no son bien canalizadas. "Estos son, algunas veces, los que andan en la calle por su problema de aprendizaje".
Para el profesor Eustorgio Andrós, subdirector del Primer Ciclo Panamá, este fenómeno obedece a la desintegración familiar porque en el hogar cada uno de los esposos juega un papel importante, y al faltar uno de los dos, el que asume el manejo tiene que hacer esfuerzos para conseguir todos los recursos y se descuidan los valores y las metas.
"Estos jóvenes no ven qué papel pueden desempeñar en un futuro y las metas de ellos son a muy corto plazo, por ejemplo nunca encontramos en esos estudiantes que desertan metas como: "yo quiero ser médico". Por el contrario, ellos dicen yo quiero trabajar, quiero comprarme ropa y zapatos, quiero ayudar a mi familia, quiero comer".
La experiencia, de 28 años en el sistema, le indica que los primeros tres meses los muchachos no desertan sino luego del primer semestre porque están fracasados, no estudian por falta de motivación y vienen de hogares desintegrados, reafirmó.
Sugiere que se forme un equipo interdisciplinario ya sea en las direcciones regionales o en las zonas escolares o el Ministerio de Educación, con trabajadores sociales para que investiguen por qué el estudiante se va, por qué no quiere volver a la escuela.
Sofocado por el calor y el ruido de la calle, Pedro no sabe cómo entrar hoy al aula. Otra vez llega tarde y, para colmo, arrugado, cosa que desagrada a su profesor. Ese día Pedro sentía que algo pasaba. El corazón quería salírsele del pecho porque ya no tenía excusa ni defensas para su condición. Tomó un respiro y entró al aula.
El maestro asumió otra actitud. Preocupado por el extraño comportamiento del niño y porque nunca se separaba de una bolsa, esa tarde decidió abordarlo. Pedro llegaba arrugado porque guardaba su uniforme en esa bolsa durante el día, mientras trabajaba.
Pedro era un niño huérfano y para sobrevivir debía trabajar. El trabajo en las calles lo alejó de las aulas. Su maestro le dio seguimiento y trató de ayudarlo hasta la secundaria, pero la pobreza y las carencias de ese niño, que ahora es un joven, le impidieron seguir estudiando.
Sólo llegó hasta el cuarto año. Ahora Pedro trabaja en las calles. Fue una estadística de la tasa de deserción y ahora es otra del subempleo. Cada Navidad Pedro se acuerda de su maestro, se acerca al balcón de su casa y le dice: Maestro, ¡feliz Navidad!
Juan era muy callado, pero violento. Ya había estado en tres escuelas. Su profesor advirtió su problema. La comunicación y el calor humano eran importantes en este caso. Decide ayudarlo y descubre un mundo de problemas, frustraciones y ansiedades. Aunque se ganó su confianza, era muy difícil ayudarlo. Su agresividad y problemas de arrastre lo ahogaron. Juan dejó la escuela: su futuro está a merced de la calle.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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