Cuando sea grande quiere ser capo. Tiene 10 años, asiste irregularmente a su escuela, en cualquier descuido o en el recreo se escapa. Anda desaliñado y sus intereses y temas difieren al de sus compañeros. No cumple sus tareas.
A sus compañeritos les preocupa por qué es así. Sus maestros tratan de ayudarlo, de que no salga del sistema escolar, pero todo apunta a que sus esfuerzos naufragarán.
¿Cómo es su entorno familiar, cómo fue la historia de su nacimiento, quiénes son sus padres que no han revertido esta realidad?
Como este niño, miles desde antes de nacer empezaron a recibir la carga de insuficiente atención, riesgo o vulnerabilidad.
Su caso refleja las disparidades de un país con toda la plataforma y la estructura armada de atención, pero en el que no se le da suficiente importancia al contexto inmediato de la niñez, a la hora de hacer las intervenciones, resume el Plan de Atención Integral a la Niñez, presentado el pasado viernes.
"La mayoría de las propuestas enfatizan la salud física y nutricional; no le prestan la necesaria atención a factores como sentimientos, emociones, pensamientos, imaginación, creatividad y al hecho de que los niños y las niñas están desarrollando su personalidad", sustenta el Plan.
La noción de atención integral a la primera infancia no está presente en la sociedad como tal, ni en las personas, ni en las instituciones. El desconocimiento agrava la situación en el caso de los que están en desventaja física o mental.
Estos son algunos de los nudos críticos del Plan, al igual que el desconocimiento de las instituciones de servicio a la comunidad y a la familia de la noción de Atención Integral a la Primera Infancia y el insuficiente personal capacitado.
La figura del padre y de paternidad responsable está ausente, hay pocas iniciativas para incorporarlo al proceso de atención y los programas van dirigidos mayormente a la madre.
En la mayoría de las propuestas relacionadas con la responsabilidad familiar, salud sexual y reproductiva y otras, se parte de la noción de padre ausente y se refuerza esta concepción.
Para Ana Hazel Escrich, de la Secretaría de la Integración Social Centroamericana, Panamá ha tenido mucha visión en la forma de abordar el tema porque lo ha hecho muy intersectorial y no ha dejado la tarea a una institución, sino que ha sumado a un grupo de instituciones con sus recursos en favor de la infancia.
Agregó que ha hecho que un instrumento de política dure más allá de los gobiernos, y ha logrado conseguir aliados que son más estables, como el consejo asesor del Sistema de Integración Centroamericana, pues son entidades que perduran más allá, lo que garantiza un poco más la continuidad de una política.