Más de 40 mil ganaderos de todo el país se pueden ver seriamente afectados si se aprueba un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Panamá, señalan los ganaderos colonenses que se reunieron ayer para conversar sobre este particular.
"Es una situación delicada, porque los Estados Unidos no quiere reconocer las desigualdades existentes entre ambas naciones", manifestó Concepción Santos Sanjur, asesor económico de la Asociación Nacional de Ganaderos (ANAGAN).
El presidente de la ANAGAN en Colón, Pablo Ruega, catalogó de crítica la negociación que se adelanta para firmar un Tratado de Libre Comercio entre ambos países.
"Se sabe que los Estados Unidos tiene la economía más grande del mundo y por ende sus niveles de producción son elevados y los subsidios que brinda a los productores, que son la base de la agricultura son exagerados", dijo.
En el año 2002 se aprobó una ley agrícola que incrementa en un 80% el apoyo a través de subsidios al sector agropecuario estadounidense, mientras que los panameños no están recibiendo ningún tipo de ayuda por subsidios.
Los productores panameños aseguran no rechazar un tratado entre Estados Unidos y Panamá, sólo solicitan que se tome en cuenta la sensibilidad del sector agropecuario con respecto a rubros como la leche y la carne, para evitar que éstos queden abiertos al mercado estadounidense.
Si el aceite usado se quema, sólo o mezclado con fuel-oil, sin un tratamiento y un control adecuado, origina importantes problemas de contaminación y emite gases muy tóxicos, debido a la presencia de compuestos de plomo, cloro, fósforo, azufre.
Cinco litros de aceite quemados en una estufa contaminan, con plomo y otras sustancias nocivas, 1,000,000 m3 de aire, que es la cantidad de aire respirada por una persona durante tres años.
Verter cinco litros de aceite usado en el mar, crea una fina película de grasa de 5,000 m2 que dificulta y contamina la vida marina.
En general, estas acciones consisten en la recogida, almacenamiento, transporte y disposición de los lubricantes usados, que finaliza con su reutilización como combustible o materia prima, para elaborar nuevos aceites.
En otros países existen sistemas de gestión de aceites usados, destinados a recoger y reutilizarlos como combustible. Estos desechos son analizados y sometidos a un tratamiento que garantiza su idoneidad en la quema y aprovechamiento de su energía calorífica.
Toro reveló que en aquel entonces los colombianos intentaron tomarse Curundú y San Miguelito y formar en Panamá carteles de droga; sin embargo, aunque no existían las bandas, creadas posteriormente en las cárceles, los grupos liderados por delincuentes renombrados como "Media Luna" y "Medio Man", organizaron una especie de ejército contra los colombianos.
En ese submundo se libró una lucha nacionalista que impidió la injerencia de facinerosos extranjeros. Los delincuentes criollos han repelido la entrada al país de mafias colombianas, chinas, hasta rusas, que se han metido en todos los países que han podido.
Ni siquiera las maras centroamericanas han podido establecerse en Panamá. El sociólogo sostiene que no existe una conexión entre las maras y las bandas panameñas, ya que sus estilos, historia, raíz y sentimientos son diferentes.
El sociólogo explicó que el tráfico de drogas es uno de los mayores problemas de nuestro país, porque resuelve a las personas. Muchas familias han construido y ampliado sus casas, educado a sus hijos y se alimentan a punta del dinero que le genera esta actividad delictiva.
Gilberto Toro sostiene que si se ocupa a los miembros de las bandas criollas en un programa de desarrollo, en el cual no tengan tiempo para fumar su "feeling" o para "pensar monstruosidades", nadie se metería con nadie.
Ellos le han expresado que quisieran un trabajo que a la hora de la salida sólo les diera ganas de comer y descansar. El experto instó a quienes trabajan con bandas a tomarse a todos los barrios con proyectos y no suscribirse sólo a grupos o sectores.
Toro concluyó señalando que el delincuente de hoy cree que se puede entrar y salir de ese submundo, y que cualquier necesitado se atreve a jugar a delincuente. Lo triste del caso es que la justicia no perdona y no hace diferencia entre un delincuente novato, que por razones sociales se vio empujado a actuar, frente a un experto, quien generalmente no está preso".
Los policías juran honrar y defender las leyes y a los ciudadanos, pero algunas veces le dan prioridad a sus intereses y necesidades personales que a ese juramento.
El 12 de mayo pasado, un capitán, jefe de la sub estación de San Carlos, y un cabo, transgredieron las normas y fueron detenidos por sus colegas por estar involucrados presuntamente en un "tumbe" de drogas. Seis agentes más fueron investigados.
Otro capitán fue puesto a órdenes de las autoridades cuando intentó ingresar a un centro penitenciario con un kilo de droga para unos detenidos extranjeros.
El subcomisionado Juan Cerezo se defiende diciendo que si se habla de narco policías, también tendría que anteponerse ese adjetivo a otras profesiones: narco abogados, narco banqueros, entre otros. Añadió que desde el momento en que un agente viola la Ley deja de considerarse como tal y es tratado como un delincuente común.
El sociólogo Gilberto Toro manifestó que la mayoría de nuestros policías son vecinos buenos, cuya convivencia en un ambiente donde hay delincuencia se hace muy difícil.
Con esta razón, el ex candidato presidencial Ricardo Martinelli, justificó la creación de una ciudad policial, donde los policías no tuviesen que convivir con los delincuentes. Pero el sociólogo considera que esa no es la solución.
La clave está en darle mayores incentivos a los agentes y sanear la institución de malos elementos, porque de nada sirve que como unidad actúe según todo lo que se le enseñó en la academia, cuando sus superiores estén involucrados en ilícitos.