Nación

Gente productiva en dormitorios improvisados


Gran cantidad de productores de la campiña interiorana, además de madrugar cada mañana para sembrar, cuidar y cosechar sus productos, también se trasladan a la capital a venderlos en el mercado de abastos.
Otros, no producen, pero se dedican a transportar y vender las frutas, legumbres y verduras en ese centro de expendio al por mayor.
Y he ahí que, aunque se ganan su sustento honradamente y aportan al fisco nacional, deben dormir al menos tres noches a la semana en condiciones infrahumanas, a la intemperie y cobijándose con cartones en las instalaciones de ese mercado.
Los camiones, carretillas y "pick-ups" constituyen el "hogar" provisional donde se guindan hamacas o se tienden cartones para el merecido descanso.
Al igual que en el área del terraplén, en el mercado público, aquí también se negocia con los cartones desechados en la vía peatonal.
Se venden a 25 centésimos, aunque cuando son muy grandes cuestan 40. Los distribuidores y productores los colocan en sus puestos de venta para dormir esas tres noches.
Desde El Guayabito de Ocú, el distribuidor y comercializador de tubérculos, Abraham Campos, sostiene que esa es la única forma de pasar la noche en el mercado de abastos, pues aunque éste es regentado por la Alcaldía de Panamá, a cuyas arcas van los impuestos que ellos pagan por su uso, no se les brinda ningún tipo de apoyo para hacerles la jornada más llevadera.
Cuando llueve no se les permite tender los cartones en las pequeñas construcciones que hay en el mercado, sino que deben permanecer de pie bajo los angostos aleros de esas edificaciones.
"Al campesino, nosotros, los que estamos vendiendo los productos aquí en el mercado para los capitalinos y todos los que no trabajan la agricultura, se nos hace muy difícil porque no tenemos apoyo por parte del gobierno", adujo.
Nadie, a juicio de Campos, se interesa por las condiciones en que trabaja el que produce y distribuye el producto .
El trae tubérculos, cuyos precios de venta en la capital son muy bajos, al punto que a veces compra el saco de yuca a dos balboas y para no perder lo vende al mismo precio o a tres balboas. "Lo más, lo más, a seis balboas", cuando tiene suerte.
Estos precios fluctúan, dependiendo de cuan abastecido esté el mercado nacional.
De ahí que no hay ningún tipo de incentivos para el productor y el comerciante de productos agrícolas, sostiene. Y sobre eso, tienen que pernoctar en dormitorios improvisados porque no pueden dejar sus cargas en el mercado por temor a perderlas.
Además, el trabajo de compra y venta comienza desde tempranas horas de la madrugada. A las 4 de la mañana ya se siente la efervescencia en el mercado de abastos.
Los propietarios de abarroterías, de puestos de ventas de legumbres y frutas, de minisuper y comercios afines, llegan a esa hora a adquirir los productos que luego venderán en sus negocios.
Allí, como en el Terraplén, lugar del que trató esta sección ayer, se da la puja y repuja, la misma que se daba hace años, cuando todo el negocio se concentraba en el mercado público de San Felipe.
Sobre la falta de apoyo al productor y distribuidor, Moreno recalca que "yo lo defino así: esto es un desorden por parte del gobierno", porque la presidenta prometió que
su objetivo al llegar a la Presidencia era ayudar al marginado, al pobre, al campesino, "y hasta ahora, ¡nada!, nos sentimos desamparados", alega.
Denunció que, pese a que todos los que venden en el mercado de abastos pagan sus impuestos, desde que el carro entra hasta que sale, no se hace nada por proteger a la gran cantidad de campesinos que llegan allí a ganarse el sustento diario.
Esa noche, Campos dormiría sobre el vagón de su "pick-up" y a la mañana siguiente se asearía en los baños que alquila el mercado.
COLUMNITA
Los distribuidores de productos agrícolas del mercado de abastos consideran que el gobierno debe verlos con una visión distinta a la actual.
Ello es así porque cada uno paga los impuestos necesarios para poder comercializar sus productos en ese mercado y no es justo que no hay instalaciones para realizar su trabajo con mayor dignidad y en mejores condiciones.
Muchos de ellos duermen en el asiento delantero de los vehículos, pero es más cómodo dormir en cartones, bajo el sereno de la noche.
Algunos llevan sábanas para arroparse e incluso se toman su tiempo para bromas, como lo hace Fernando Moreno, distribuidor de yuca, quien dice que la lona de su camión lo cobija y lo único que le falta para estar más cómodo sobre los cartones donde duerme es "la señora, nada más", es decir, su esposa.
El tiene la esperanza de que así como se les ha construido módulos a los comerciantes de piña y otras frutas, también a los comerciantes de yuca y ñame se les construirá.
Hoy, no pasan mucho trabajo con la venta porque es verano, pero en el invierno, el área donde se venden estas verduras se inunda, lo que hace que el producto se contamine y se dañe más rápido.
Ellos pagan 20 balboas por semana al mercado. Si con parte de esos impuestos les construyeran módulos, podrían instalar hamacas o catres para dormir, señalan.
Los propietarios de más de 40 camiones que transportan estos productos, consideran que deben tener preferencia en la atención por parte de las autoridades del mercado, pues ellos viajan por lo menos tres veces por semana desde comunidades muy lejanas para comercializar la yuca y el ñame, que son verduras que se dañan fácilmente.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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