Washington-Dicen que de momento, George W. Bush gana peso dentro a cuenta de lo que hace afuera. En sus primeros cien días sorprendió a muchos por la manera cautelosa con que manejó la mayor crisis de su presidencia, la del avión espía capturado por China.
Por el momento nadie pone en duda de que con Bush los asuntos del Hemisferio Occidental han adquirido una importancia en esta capital que no se había visto desde los primeros 100 días del gobierno de John F. Kennedy con el lanzamiento de la Alianza para el Progreso el 13 de marzo de 1961, o sea apenas dos meses desde su inauguración.
A pesar del intenso interés que ha demostrado hacia las relaciones con Latinoamérica el saldo oscila entre un México en estado casi de euforia, un Brasil francamente escéptico y una Centroamérica, inclusive Panamá, todavía a la expectativa.
Aún antes de la Cumbre de las Américas el mandatario se apersonó a la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para reiterar su apoyo al organismo regional y su compromiso con Latinoamérica. Pero en la reciente Cumbre, en Quebec, casi los líderes latinoamericanos, inclusive el imprevisible Hugo Chávez de Venezuela, elogiaron la "modestia y cordialidad" del ex-gobernador de Texas.
En el ámbito de política nacional las encuestas le arrojan un 63 por ciento favorable a su gestión, unos puntos más altos de los que obtuvo Bill Clinton en el mismo periodo de su primer periodo. Sólo un 30 por ciento se expresan desfavorables.
Quizás lo más importante internamente es cómo Bush ha logrado superar las dudas sobre su legitimidad que arrojó la compleja lucha sobre los resultados electorales, que aparentemente quedaron olvidadas por los posteriores recuentos y, sobre todo, por las acciones exteriores.
Primero, con el bombardeo contra Irak, Bush dejó claro que él era el comandante en jefe. Pronto indispuso a europeos, rusos y chinos al anunciar su decisión de ir adelante con un escudo antimisiles, y expulsó por espionaje a 50 diplomáticos rusos. Rechazó el Protocolo de Kioto sobre limitación de las emisiones atmosféricas tóxicas, aunque con los europeos ha llegado a un acuerdo tras años de complejas negociaciones sobre el comercio del plátano. También ha cambiado la política de Clinton de acercamiento a Corea del Norte por otra de confrontación.
Por cierto, en vísperas de cumplir sus primeros 100 días en el cargo, Bush recibió el viernes una buena noticia: el crecimiento del PIB estadounidense en el primer trimestre de este año fue del 2%, el doble de lo esperado. Si los recortes de tipos de interés de Greenspan dan sus resultados, Estados Unidos escapará a la temida recesión y el político tejano desmentirá que existe una maldición de los Bush en el terreno económico.
Por lo demás, los 100 primeros días de Bush también han evidenciado claros roces de estilo, y quizá de fondo, entre dos actores principales de la política exterior de Estados Unidos, el secretario de Estado, Colin Powell, y el de Defensa, Donald Rumsfeld con su aliado de "línea dura", el vicepresidente Dick Chaney. Powell es el gran conciliador del nuevo Gobierno, el que se encarga de tranquilizar a los aliados, asegurándoles que no habrá retirada de las tropas estadounidenses de los Balcanes ni imposición del NMD sin consultas con todo el mundo. Y el que da el paso y pronuncia por primera vez un "lo sentimos" con relación a la muerte de un piloto chino en el incidente del EP-3. Rumsfeld, por el contrario, es "el campeón de la arrogancia, el gran apóstol del unilateralismo", como le tilda la analista Trudy Rubin en The Miami Herald.
En tanto Latinoamérica espera ahora que se materialicen los compromisos contraídos por Bush en la Cumbre, esperanzados que logre obtener la requerida autorización del Congreso para negociar el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y fondos adicionales para que la OEA pueda cumplir con los nuevos mandatos que incluyen el fortalecimiento de las instituciones democráticas y el libre ejercicio de la libertad de expresión así como intensificar la lucha contra la pobreza, la corrupción y el narcotráfico.
Ya la Casa Blanca está convencida de que cuando, comenzando en España, Bush visite Europa en junio, los socialdemócratas y conservadores del Viejo Continente descubrirán que no es personalmente tan arrogante como sus primeros pasos internacionales dan a entender.
Muchos corresponsales europeos como Javier Valenzuela, el veterano corresponsal del periódico madrileño El País, no están convencido.
"Si Bill Clinton se esforzó por construir una imagen universal del amigo americano, Bush ha conseguido en 100 días resucitar otro clásico, la del americano feo", comenta Valenzuela. "Esta semana, el escritor mexicano Carlos Fuentes ha tildado a Bush del "peor presidente de EE UU", y de esa opinión son muchos intelectuales y periodistas del planeta, y no pocos políticos y diplomáticos. Pero como señaló el jueves una fuente de la Casa Blanca, "esa impresión se desvanece cuando el interlocutor extranjero ve a Bush cara a cara"."
Si Fuentes ha sido duro, y posiblemente exagerado, en su critica a Bush, hay que recordar que el escritor mexicano llego a comparar al ex-gobernador de Arkansas a Franklin Roosevelt, a pesar de la falta de coherencia y consistencia con que Clinton manejo la politica hacia Latinoamerica, a pesar de sus tantas buenas intenciones.
Para octubre, Bush tiene previsto reuniones con los aliados de Asia y una visita oficial a Beijing.
Lo importante ver cuando ahora se concentra en Europa y Asia, volvera a la politica tradicional de los ultimos cincuenta anos enfocada a esos dos continentes, o si logra continuar el mismo ritmo de interes en Latinoamerica que demostro durante los primeros 100 dias.