Nación

Gran ejecutoria con poco reconocimiento


El Panamá América


Del doctor Harmodio Arias Madrid, ex presidente de Panamá, únicamente existe un busto en la ciudad de Penonomé, provincia de Coclé, que honra su memoria, como reconocimiento a una labor honesta y sustanciosa que dejó innumerables beneficios para el país.
Ello refleja algo de mezquindad por parte de los panameños para con la memoria de uno de sus mejores ex presidentes, sostiene Roy Durling, colega de Arias y miembro del bufete de abogados Arias, Fábrega y Fábrega, que este último ayudó a consolidar.
"A estas alturas, con un país plenamente soberano, la memoria del Dr. Arias no ha sido rescatada del olvido en lo concerniente a sus ejecutorias en las negociaciones del Tratado Arias-Roosevelt y sus consecuencias benéficas para el país", dice Durling.
El abogado conoció a Arias entre 1956 y 1957. A partir de entonces surgió una sólida relación profesional. El ex presidente frisaba en aquella época los 70 años.
Era una persona que ofrecía facetas distintas, destaca, y algunas de ellas poco conocidas.
Los panameños saben que fue un estadista, sin embargo, pocos conocen su faceta como educador y propulsor de la carrera de Derecho en Panamá, toda vez que promovió la Escuela Libre de Derecho cuando aún no existía la Universidad.
Aunque él creó esa casa de estudios superiores en 1935, aún a finales de la década del 50, continuaba preocupado por el futuro de esa institución, recuerda Roy Durling.
"Me consta, personalmente, que a la edad en que lo conocí seguía preocupándose por el bienestar de la universidad", recalca.
Además de ser un periodista consumado, Harmodio Arias se distinguió por ser un buen abogado, al punto que muchos años después de su desaparición física, la oficina de abogados que él ayudó a consolidar, conjuntamente con Julio J. Fábrega y Octavio Fábrega, es uno de los bufetes más reconocidos, tanto nacional como internacionalmente.
El doctor Arias surgió de una familia humilde, originaria de Río Grande, Penonomé. Ese origen humilde, aunado a su experiencia con la subsistencia del campesino panameño, le hizo crear un fuerte nexo con las actividades ganaderas y agrícolas.
Esto lo llevó a fundar la hacienda Santa Mónica, en Antón, la que dedicó a la ceba de ganado.
Arias fue también un hombre muy ligado a su madre, Carmen Madrid de Arias, una mujer muy activa que tenía un pequeño negocio en Penonomé y a la que Harmodio ayudaba desde niño en esas labores.
Era un buen hijo, sostiene Roy Durling, al punto que cada fin de semana, aún siendo presidente, viajaba al interior para verla. Esa era parte de su faceta humana.
Sin embargo, se le recuerda sobre todo, por su faceta política debido a que tenía un olfato muy fino para determinar lo que era más conveniente para el país y sus ciudadanos.
Prueba de ello es que su obra cumbre, de acuerdo con Durling, fue el Tratado Arias-Roosevelt, que le dio término a la cláusula infamante del Tratado de 1903, en virtud del cual Estados Unidos podía intervenir, como en efecto lo hizo, en los asuntos internos de Panamá.
Se distinguió igualmente siendo diputado de la Asamblea Nacional, cuando jugó un importante papel con respecto a la expedición de la Ley de Sociedades Anónimas, que aún se mantiene vigente y que ha significado un hito muy destacado para el ejercicio de la profesión de abogado, así como la Ley de Abanderamiento de Naves en Panamá, la que también propició.

SU CARACTER
"El Dr. Arias que yo conocí, en lo personal, era de mediana estatura, de apariencia frágil, muy callado -casi introvertido-a quien le encantaba escuchar, más que hablar", rememora Durling.
Recuerda que cuando su interlocutor creía que ya se había terminado una conversación con él, en ese momento ofrecía su opinión, la cual, la mayoría de las veces, estaba asistida de una lógica contundente.
Nunca lo vio perder la paciencia. Era de hablar con un tono grave. Contestaba el teléfono diciendo: "habla Arias, Harmodio", sin acudir a ningún título, no obstante contar con dos diplomas universitarios.
Llegaba a su bufete a las 7:30 a.m. y se retiraba a la 1:00 p.m. para ir al periódico, que entonces estaba ubicado en Calle H. En ese tiempo, El Panamá América era un diario vespertino.
Regresaba a su oficina de abogados a las 2:30 p.m., dejando ya lista la primera plana del periódico, pero con instrucciones de que lo llamaran tan pronto arrancaba la rotativa.
"Concebía el periódico como un medio para orientar a la opinión pública sobre asuntos de extrema importancia para el país, y durante el tiempo que colaboré con él jamás lo vi utilizar El Panamá América para defender causas judiciales en las cuales él estaba envuelto como abogado", destaca la fuente.
Lo consideraba además, un luchador tenaz por su profesión de periodista, al punto que jamás dejaba de asistir a una reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

 
UN HOMBRE SIN MIEDOS
Durling recuerda que Harmodio Arias era un hombre sin miedos. Es más, pese a amenazas contra su vida, no mostró temor alguno en ese sentido.
Prueba de ello es una anécdota que el propio Arias le relató al abogado Durling.
Siendo presidente de la república, recibió una llamada a su despacho. Una persona lo amenazaba con matarlo. Su respuesta fue que si esa persona quería atentar contra su vida, él iba a estar a las 5:00 p.m. en el parque de Santa Ana.
Así lo hizo. Se plantó frente al Bazar Francés, sin que nada alterara su estadía allí.
En otra oportunidad, según ha escuchado el abogado, un francotirador le hizo unos disparos en momentos en que él se dirigía hacia el interior del país. La bala pegó en el parabrisas cuando su auto pasaba por la curva de la cantera El Tigre, en la vía Interamericana.
Este incidente también se dio cuando era presidente.
El abogado expresa un profundo respeto por la memoria del Dr. Arias e insiste en que la historia no ha sido justa con un presidente como él, pues a muchos panameños se les ha hecho reconocimientos, bustos y estatuas, sin embargo, Harmodio Arias, uno de los más destacados estadistas, no cuenta con un busto, placa o estatua en la ciudad capital. En consecuencia, las nuevas generaciones no tienen una referencia tangible del ex presidente y sus ejecutorias.

SUCESOS DOLOROSOS
El Panamá América desplegó en sus páginas todos los acontecimientos relacionados con la firma del Convenio Filós - Hines, y su posterior rechazo, luego que la población, especialmente los estudiantes universitarios, se lanzaran a las calles para exigir que no fuera aprobado por la Asamblea.
El editorial del 13 de diciembre de 1947, tres días después de la firma, critica la forma en que fueron repelidos los manifestantes, aunque aclara que no corresponde a este medio de comunicación tomar partido por uno u otro bando. He aquí el editorial:
Los incidentes de ayer han dejado en la colectividad una sensación de honda pena. No sólo hemos de pensar en el sufrimiento de los que resultaron heridos y en la angustia de sus parientes, sino que también tenemos que sonrojarnos por la mala reputación que va adquiriendo el país en el extranjero por razón de determinadas actitudes.
Hay más: Nuestras contiendas internas, las controversias que se suscitan entre nosotros, por lo general no destruyen la cordialidad que distingue a todo panameño.
Por desgracia los recientes sucesos dolorosos han puesto de manifiesto marcado escozor en el ambiente, acaso por el crecido número de heridos o por la provocación perpetrada pocas horas antes con la penetración de fuerte contingente de policía, a los Claustros Universitarios, para arrestar a un estudiante que se quería rindiera una declaración, según se expresa en el relato que al respecto hace hoy "La Estrella de Panamá".
Tienen que haber sido muy serios los choques entre los estudiantes y las autoridades para que directa o indirectamente hayan dejado el saldo doloroso de más de veinte heridos, entre éstos, uno de gravedad, y se haya producido así la honda conmoción que prevalece en la comunidad.
Y lo peor de todo es que en la exaltación consiguiente se altera o afecta el clima de serenidad y de comprensión que debe existir para la más adecuada y solemne ponderación acerca del problema referente al arrendamiento de sitios para la defensa o seguridad de la República y del Canal. Ayer no más el nuevo Convenio sobre el asunto fue sometido a la consideración de la Honorable Asamblea Nacional y hoy debería la Comisión respectiva iniciar el estudio de tan importante cuestión.
Lógico y natural es que los Honorables Diputados sientan cierta depresión por lo ocurrido. El hecho de que la Cámara ayer hubiese adoptado resolución recomendando la suspensión de medidas de represión demuestra que considera indispensable para sus labores un ambiente de relativa calma y que para tratar de conseguirlo se hace indispensable por lo menos evitar provocaciones de toda índole.
No lleva esta nota la intención de analizar las causas de los dolorosos suceso aludidos, ni la de indicar desde ahora sus probables repercusiones en los graves problemas que el país confronta. No corresponde a un periódico dictar fallo a favor o en contra de una u otra parte. Pero es imprescindible, en vista de esos acontecimientos, hacer siquiera somera referencia a ciertas consideraciones que se rozan con esos sucesos y que sin duda alguna asedian con singular intensidad la mente de los asociados todos.
Claro está que no es éste tampoco el campo adecuado para determinar si algún funcionario instruido por el Ministro de Gobierno actuó dentro de la Constitución y la ley, al prohibir el desfile o manifestación que proyectaron los estudiantes, o respecto de la manera cómo se haya ordenado que se dispersar el mitin. Tocará a la justicia decidir esas cuestiones y radicar las responsabilidades correspondientes.
Sin embargo, cabe apuntar que hay más de un medio, distinto del puesto en práctica con provocaciones irreflexivas, para tratar de conseguir que espíritus juveniles naturalmente impulsivos y sin la maestría o la mesura que traen los años y las duras realidades de la vida, cooperen a mantener el orden, el decoro y la serenidad tan necesarios en estos delicados momentos. Así lo hicieron presente, con atinadísimas razones, antes y después de los tristes incidentes, el ministro de Educación y el Rector de la Universidad.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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