La relación de cuatro años entre un mandatario y su pueblo es efímera en comparación a la que sostendrá con su escolta, que en virtud de la Ley 55 del 19 de julio de 1996 sería "hasta que la muerte los separe".
El artículo 1 de este instrumento legal otorga el servicio de escolta y seguridad personal a favor de los ciudadanos que "por votación popular directa", hayan ocupado la Presidencia de la República.
El segundo artículo de la Ley 55 establece que al abandonar el "Palacio de las Garzas" contarán con el servicio de escolta "en forma vitalicia" y cuyo salario correrá por cuenta del Ministerio de la Presidencia.
La norma también permite que además de seguridad, los ex mandatarios puedan seguir siendo organizados pues durante los cinco años siguientes a su mandato tendrá derecho a los servicios de una secretaria o secretario, cuyos emolumentos también serían cubiertos por el Ministerio de la Presidencia.
Además de seguridad organización, los ex mandatarios tienen la última palabra sobre quién custodia sus vidas.
La Ley 55 establece que el personal asignado al servicio de escolta y seguridad personal de quienes alguna vez rigieron los destinos del país, deberá ser a probado por el ex presidente de la República".
La ley fue sancionada por Ernesto Pérez Balladares.
Antes de ser escolta trabajó en la Embajada de los Estados Unidos. Manifestó que los preparaban para manejar armas de todo tipo y, además, recibían clases sobre cómo manejarse en público cuando cuidaban a un personaje importante.
Montenegro es un sobreviviente. Recuerda que el 10 de mayo de 1989, cuando la oposición marchaba porque Noriega había dejado sin efecto las elecciones, fue atacado junto a la terna presidencial de la ADOC.
Recordó que un compañero suyo murió por cuidar al vicepresidente electo. "Falleció arriba del señor Ford, ya que todos los disparos iban para el entonces segundo vicepresidente", resaltó.
Según su punto de vista, lo más complicado de cuidar un personaje importante es que se arriesga la vida. No obstante, se convirtió en escolta presidencial porque todos los trabajos implican un riesgo.
Hoy Montenegro está retirado y vive en su natal provincia de Chiriquí con su familia. Sin embargo, extraña su trabajo: "a uno cuando le gusta algo, lo lleva en la sangre".
Montenegro dijo extrañar a Ford, ya que fue muy bueno, claro y honesto. "Lo que más se echa de menos es que uno le toma cariño a las personas", acotó.
Sin embargo, reconoció que este trabajo debe ser mejor remunerado por el grado de riesgo y las implicaciones que acarrea.
"Además, el horario es exigente y extenso", añadió.
Señaló con una sonrisa que si volviera a nacer en la misma época, sería nuevamente escolta de "Billy Ford".