Los huéspedes no pueden descansar, además tienen que cuidarse al salir de no recibir una "sorpresita", cortesía de los pajarracos.
Esta guerra lleva ya varios meses; es una lucha de resistencia.
Cuando las aves empiezan a agruparse, los empleados toman sus lugares y sus municiones. Armados con fuegos artificiales y gran determinación colocan una carga tras otra. Las aves, por su parte, se espantan con el ruido, pero vuelven al cabo de un rato. Así, la batalla puede durar toda la noche.
En Chiriquí los changos también han despertado antipatías. El parque Cervantes está invadido por ellos y por el peculiar olor de sus heces.
La Alcaldía de David ha emprendido una disputa con las aves, por ahora los pájaros van ganando. Le han tirado chorros de agua y le ponen fuegos artificiales y las aves siguen ahí.
El polvo de las heces ocasiona enfermedades respiratorias crónicas.
El chango es un ave omnívora que se come iguanas pequeñas y los huevos y los pichones de otras especies de aves. En Bocas del Toro exterminó a las oropéndolas.