Nación

Guerrillas en el recuerdo


Todavía hoy resuena el eco de una guerrilla que hace tres décadas brotó en Chiriquí. Las hazañas de un bastión de jóvenes arnulfistas que se erigió en una resistencia armada contra el golpe militar de 1968, están aún por ser rescatadas del olvido para el registro de la historia.
Cuántas leyendas no se han tejido en derredor de la "Quijada del Diablo", un risco que se eriza limítrofe entre la provincia de Chiriquí y Costa Rica. Al pie de esa legendaria elevación se resguardaron los guerrilleros "constitucionalistas" (como se hicieron llamar), quienes infligieron duros reveses a la Guardia Nacional golpista de la época.
La reacción armada contra el golpe, no tardó en hacer erupción tras la asonada de 1968. Fue precisamente, en el poblado chiricano de Volcán, donde un puñado de jóvenes emboscó a una patrulla que rutinariamente circulaba por el barrio de "Nueva California". El incidente laceró a un uniformado de apellido Barría, y remeció el avispero de la contraofensiva militar.
Sin armas adecuadas, alimentos, ni la indumentaria necesaria para repeler el frío que muerde a rabiar en la montañosa geografía chiricana, los guerrilleros se vieron obligados a caminar, serpenteando entre los riscos y la espesura selvática, hasta la "Quijada del Diablo", donde la Guardia Nacional no pudo alcanzarlos. Enseguida la fronteriza montaña se transformó en un imán para la llegada de más unidades combatientes.
Una de estas valiosas unidades fue el estadounidense de apellido Kimball, quien llegó al sitio con un equipaje de experiencia y disciplina, ganados en Vietnam. Diríase también, que la resistencia armada contó con una representación latinoamericana porque Walter Sardiñas (uruguayo), Osito Solano (costarricense), y Gerardo Olivares Velásquez (chileno), lugarteniente de Sardiñas, se sumaron al grupo para encarar la represión militar.
Seis semanas transcurrieron desde la primera escaramuza armada en el poblado de Volcán, y el primer combate con la Guardia Nacional. Este ocurrió el 30 de noviembre de 1968, cuando un grupo de uniformados permanecían apostados en una hacienda cafetalera de los Halphen, familia bastante conocida en el área.
Cuenta Onofre Quintero, uno de los líderes de la guerrilla, a quien la Guardia Nacional llegó a apodar como "El Tigre", que ellos se dirigían a rescatar a un guerrillero capturado por la Guardia, cuando se toparon con que en el "beneficio de los Halphen", permanecían guardias descansando. Un ataque en ese momento pudo colocar a los guerrilleros entre dos fuegos enemigos debido a que el Cuartel de "Piedra Candela" se ubicaba en las proximidades. Aún así, Onofre dijo haber soltado un disparo que obligó a los guardias a replegarse hacia otro lado donde eran esperados por la metralleta de "Osito Solano", quien disparó una ráfaga de "media luna", causando varios muertos a la Guardia. Ese fue el primer combate entre la Guardia, y la guerrilla.
Los guerrilleros no sufrieron baja alguna en esta confrontación, pero las cosas no ocurrirían igual durante la segunda y emblemática batalla. El 9 de enero de 1969, fue escogida como la fecha de lo que sería una segunda y desigual confrontación con la Guardia, dado el apoyo que posteriormente recibieron los militares panameños de la Policía Rural de Costa Rica.
El respaldo extranjero a la Guardia Nacional no sólo llegó de Costa Rica. Ya antes, Estados Unidos la había ayudado, y fue esa la razón por la que los guerrilleros escogieron el 9 de enero como la fecha para confrontar a la Guardia en el Cuartel de Piedra Candela. Así lo dejó saber Onofre cuando se le preguntó la razón de tal fecha para el ataque: "Yo escogí el 9 de enero por aquellos muchachos que murieron en 1964, y porque me daba un coraje que los gringos estuvieran ayudando a esta gente con equipos y helicópteros".
En esa batalla los guerrilleros perdieron a un compañero, pero la nación ganó un "mártir". Así lo han considerado muchos de quienes ven en el nombre de Ramón Mojica Santamaría, a un patriota emblemático de la lucha por el respeto de la voluntad popular en las urnas. Un mes antes de esa batalla, su tío Cruz Mojica, había sido asesinado en su finca localizada en Los Pozos. Su hija, Erodita Mojica de Elizondo, contó en una reciente entrevista que según la versión de un oficial que después le reveló detalles del hecho, su padre murió cuando creyó que le habían asesinado al hijo. Esa idea le causó un rapto de cólera que lo condujo a despojar a un guardia de su arma. Allí lo mataron.
El fracaso guerrillero en la batalla del 9 de enero diezmó el movimiento, pero no lo aniquiló. Aún seguían dando qué hacer dos líderes disímiles en su proceder, pero unitarios en cuanto a la causa contra los militares.
Ellos eran Ariosto González y Walter Sardiñas. Una de las últimas personas que vio al norteamericano Kimball con vida, fue su amigo Generoso Elizondo, guerrillero que había sido detenido, enclaustrado y torturado en las mazmorras de la cárcel de Volcán.
Un día Generoso recuerda haber sido conducido hacia una estancia donde pudo ver a Kimball sentado en un hielo. Se notaba magullado en el rostro, débil, y con otras claras señales de haber sido torturado.
Un capitán de apellido García, preguntó a Generoso si conocía a Kimball a lo que rezongó con un ¡¡carajo!!", ya cansado de tantas preguntas y quizás en una reacción airada por ver a quien fuera su admirado instructor en materia de guerrillas. Generoso devolvió así su negativa. "No lo conozco", replicó.
Para el asombro de quienes estaban en la pieza, incluyendo al propio Generoso, quien sabía que se jugó la vida con esa respuesta, el capitán García ordenó devolverlo a su celda. Esa fue la última vez que Generoso vio a Kimball, antes de haber sido fusilado, según las versiones no confirmadas que circulan.
Según Carmen de Miranda, la última persona que lo vio con vida, estas fueron las últimas pa-labras de Ariosto González.
No menos de 35 militares que acordonaron el sitio donde estaba Ariosto, respondieron a ese desafiante "como quieran", cuando soltaron una lluvia de balas, que dio inicio a una confrontación que se extendió por más de dos horas una noche de 1969.
Ariosto era temible para la Guardia. Esto lo hacía una presa codiciada, y él lo sabía, pero aún así provocaba la ira de sus enemigos dejando, por ejemplo, mensajes en los sitios en los que acampaba durante su jornada guerrillera.
Uno de sus amigos recuerda las palabras mortíferamente certeras, pronunciadas por Ariosto, poco antes de sucumbir ante la metralla militar: "Mi vida está en un hilito".
Ariosto fue acribillado a tiros el 24 de enero de 1969, fecha que viene a marcar el comienzo de un final. Su muerte significó un duro revés para el movimiento guerrillero que poco después se iría desintegrando.
Tras la muerte de Ariosto, la fortaleza de la resistencia armada fue diezmando, pero aún algunos mantenían activa la ofensiva.
Uno de ellos era el uruguayo Walter Sardiñas, quien murió acribillado a balazos el 16 de enero de 1970, en Costa Rica.
Julio Serrano, un combatiente que estuvo al lado de Sardiñas casi hasta el final de sus días, contó que la represión militar en Panamá arreció a tal punto que prácticamente los obligó a escapar a Costa Rica, poniendo un colofón a la resistencia armada. Una vez que cruzaron la frontera hacia Costa Rica, Sardiñas dijo al grupo que aún lo acompañaba, que "ya el movimiento había terminado". Todos se fueron por su lado, quedando solamente con Sardiñas, Serrano, y un chileno, cuyo nombre se presume es Gerardo Olivares Velásquez.
Sardiñas, recuerda Serrano, dijo que si él era capturado por la Guardia Civil de Costa Rica o la Guardia Nacional de Panamá, sería asesinado, porque existía una recompensa cifrada en 20 mil balboas, por su cabeza.
El uruguayo, mientras lloraba por el coraje de no poder seguir con la lucha armada, adelantó a sus compañeros, sus planes de secuestrar un avión.
Convenció a Serrano para que buscara un sustento que le permitiera viajar a otro país y éste aceptó despedirse, no sin antes advertir a Sardiñas que si así lo deseaba, continuaba a su lado.
Sardiñas insistió y Julio Serrano aceptó encaminar sus pasos hacia un poblado de Costa Rica, donde supo del trágico final de su respetado jefe y compañero de lucha armada una tarde del verano de 1970.
Serrano lloró cuando escuchó por la radio que Sardiñas había sido abatido a tiros en una pensión tica.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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