Sin el pasado nunca tendríamos el presente, reza un proverbio chino, y precisamente esto es lo que se ha hecho con la restauración del edificio del Convento de la Congregación Franciscana, rescatar el pasado bajo los cimientos del presente.
Dentro de aproximadamente un mes, todas las oficinas de la Cancillería se trasladarán del área de Quarry Heights, en Ancón; a San Felipe, para ocupar las antiguas instalaciones de los sacerdotes Franciscanos, un conjunto de edificaciones que durante seis años ha sido objeto de un minucioso trabajo de restauración, para conservar y poner de manifiesto todos los cimientos históricos que allí reposan.
El hallazgo más importante en lo que ha sido el largo proceso de restauración de la infraestructura, es la localización de un piso que data del Siglo XVII.
El descubrimiento de este piso paralelo al muro de la ciudad, no fue por casualidad, destacó a El Panamá América, el arquitecto Alvaro González Clare, encargado de todo lo que fue el diseño de la restauración del inmueble.
Según informó, ya existían evidencias claras de que debajo del Salón Bolívar había una pavimentación, por lo que se presumió que se encontraría en el resto de ese pabellón.
"Cuando abrimos el subsuelo, a un metro de profundidad se encontró la evidencia que se ha dejado expuesta para el reconocimiento del público", dijo el arquitecto.
Pero este hallazgo cobró relevancia dado que los arquitectos descubrieron que era exactamente igual al pavimento que posee la Iglesia Catedral de Panamá La Vieja, lo que los hizo suponer que eran de la misma época.
González Clare indicó que puede presumirse que cuando la Iglesia de la Catedral de Panamá La Vieja se quemó en el año 1671, el piso, que se construyó en 1673 en adelante, podría haber sido igual o se trasladaron los materiales para realizarlo.
Lo curioso es que antes de comenzar la obra de restauración, se hizo este hallazgo. El arquitecto explicó que con la ayuda de arqueólogos panameños y mexicanos se retiró la tierra encima de él, se limpiaron las ruinas, se documentó el descubrimiento y se volvieron a tapar, colocando un plástico encima de ellas y luego la tierra; esto para salvaguardarlas de los posibles daños que le ocasionarían los trabajos de restauración. Culminada toda la obra, se volvió a sacar la tierra y se ha dejado abierta las ruinas, que hoy son testigos mudos de épocas pasadas.
En el mismo Salón Bolívar se encontraron aspectos muy interesantes a los que se les dio enorme realce, como lo son la localización de la puerta que conectaba la Sala Capitular (lugar donde se reunían los monjes) con la Iglesia San Francisco de Asís.
Por otro lado, se descubrieron unas coronas que poseían las puertas del Salón Bolívar y se volvieron a reconstruir. Igualmente, en el edificio que se tenía, existían tres puertas de acceso, una de las cuales no era original, por lo que se procedió a clausurarla.
Según las evidencias históricas recopiladas por los arquitectos antes de iniciar los trabajos de remodelación, los edificios que allí reposan son instalaciones modernas, construidas en el Siglo XX, más o menos a principios de 1900. Incluso, su arquitectura es lo que se denomina arquitectura moderna, con una estructura ecléctica neoclásica.
Todos los edificios hechos por los hermanos Salesianos son contemporáneos, que con el pasar del tiempo y debido a diversos incidentes, se fueron construyendo y reconstruyendo sobre los cuatro lados que le dan el perímetro al claustro, algo que se pudo comprobar con los planos y la investigación histórica previa, destacó González Clare.
No obstante, la Sala Capitular en donde se ubica el Salón Bolívar es más antigua y aunque se le han hecho intervenciones, las mismas ascienden a épocas recientes.
Y es que el caso del Salón Bolívar es especial. A él se le han realizado unas cinco intervenciones en el Siglo pasado: 1938 por la Sociedad Bolivariana,1956 por el Gobierno Central para la Primera Reunión de Presidentes de América. La de 1976 hecha por la Dirección de Patrimonio Nacional, le introdujo decoraciones interiores y exteriores con elementos históricos que no concordaban con la infraestructura. Se trajeron técnicos de Quito, Ecuador y el Salón Bolívar perdió autenticidad con ellos.
Estas elaboraciones ecuatorianas se encuentran hoy en el Instituto Nacional de Cultura. El arquitecto González Clare propuso incorporarlas al Museo del Salón Bolívar, ubicado en el mismo edificio.
No obstante, la intervención reciente realizada en el año 2000 ya está en problemas. Según comentó el arquitecto, hay puertas que están afectadas debido a que el frío del interior de la cámara con el contraste del calor exterior hace que la estructura sude demasiado, y por otro lado, la exposición al salitre del mar la amenazan.
Debido a ello se buscó un remedio. Encerrar el edificio del Salón Bolívar en una cámara refrigerada, debido a su importancia como objeto museístico.
Este trabajo ya se está realizando. Enormes vigas de concreto sostienen grandes carriolas que mantendrán pesadas planchas de vidrio. Sobre el techo bajan varias salidas de aire acondicionado, con lo que se tratará de compensar el contraste de temperatura en el que está sometido el inmueble y se le protegerá del salitre del mar.
El propósito de la restauración se dio primero para mudar la Cancillería y poder dignificar la existencia del Salón Bolívar; para agregarle valores culturales, por medio de la Plaza de los Libertadores en la cual se puedan dar eventos públicos. La componen el busto del Libertador Simón Bolívar y según el diseño original, las astas y las banderas de todas las naciones de la Organización de Estados Americanos (OEA). Un aspecto que ya no se cuenta, tal como se pudo comprobar.
Finalmente, para establecer la Biblioteca de Tratados y Convenios en las que reposarán 100 años de historia, documentos que según González Clare han permanecido archivados en "cajetas".
Actualmente se está en la etapa final de hacer los acabados finales y el balance de los acondicionadores de aire. Se prevé que la mudanza final de la Cancillería se dará poco a poco. Por el momento ya se utilizan dos pasillos del inmueble, destacó la gerente del proyecto, Lourdes Pérez Molina.
El antiguo edificio del Convento de San Francisco de Asís, hoy Cancillería de la República tenía, en un momento, la forma de una U abierta al mar.
Lo componen el edificio Juana de Arco construido en 1926, Juan Bautista La Salle en 1928, el edificio Constitución en1931 (anteriormente en ese lugar existía una biblioteca de los curas Escolásticos que luego heredan los de La Salle, allí se redacta la primera constitución del país) y el edificio sobre el muro que separa la ciudad del mar, destruido por un vendaval en 1943 y por alguna razón los monjes no reconstruyeron, dejando la forma de U hacia el océano.
Hoy ese edificio se volvió a construir sobre pilotes para dejar libre la vista hacia el mar y recibió el nombre de Centenario, realizado en el 2003.
El edificio del Centenario tendrá unos 4,500 metros de oficinas. No obstante, según el arquitecto, ya el diseño original no se ha cumplido porque se ha excedido en la cantidad de oficinas.
Además hay elementos culturales en el inmueble. Sólo un 50% está constituido por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el resto son elementos culturales como: la Plaza de los Libertadores, la Biblioteca de Convenios y Tratados, el Salón de los Próceres (para eventos diplomáticos), el gran Salón Bolívar, el Museo de Bolívar, la Sociedad Bolivariana y la Academia de Estudios Diplomáticos.
La obra, aunque no se ha entregado en su totalidad, ya es poco lo que le falta. De hecho, en las próximas semanas se iniciará el traslado paulatino de todas las oficinas de la Cancillería a ese lugar.
Pero este ha sido un trabajo arduo y como tal, requirió mucho tiempo. Según González Clare, la demora se debió, porque al ser una restauración de gran magnitud era necesario realizarla en etapas.
Así, primero se dio el proceso de investigación, un proceso de por sí largo en el que se buscaron evidencias, mapas, etc. Posteriormente, vino la evaluación, preparación de documentos (planos y especificaciones), aprobación de planos y por último la construcción.
El mismo proceso de construcción se dividió por etapas, debido a que el Estado no poseía el dinero para realizarlo en su totalidad. Esto además de ser muy conflictivo, demoró el proceso en sí, destacó el arquitecto.
González Clare sentenció que en los cinco años de trabajo de restauración, algo que catalogó como un "calvario profesional", son muchas las personas que han aportado sus conocimientos, esfuerzo y tiempo, para finalmente dejar una obra digna de apreciar y valorar.
Hallazgos bajo los cimientos de la Chancillería
El plano más antiguo que se utilizó para el estudio histórico previo del inmueble, antes de su remodelación, data del año 1688.