Una semana después que paramilitares colombianos atacaron y mataron a varios de sus líderes, cientos de indígenas desplazados viven atemorizados y con la angustia de que sus vidas no será la misma de ahora en adelante.
Pese a que la policía volvió a tomar control de sus aldeas --tras años de ausencia los indígenas, entre los que se encuentran gran cantidad de niños y varias mujeres embarazadas temen la repetición del episodio de terror.
Los nativos de la etnia kuna de los poblados de Paya y Púcuro, así como indígenas de otras comunidades cercanas a la frontera sur con Colombia, se desplazaron a pie o en piragua hasta Boca de Cupe, después de la incursión de cientos de paramilitares el 18 de enero.
Los irregulares mataron a cuatro indígenas, incluyendo a dos jefes de tribu, en un hecho sin antecedentes pese a que en los últimos años se han registrado numerosas incursiones y ataques de guerrilleros y paramilitares en diversos poblados de la provincia fronteriza de Darién.
Hasta hace dos días habían unos 570 desplazados en la escuela de Boca de Cupe, entre ellos alrededor de 370 niños, 104 mujeres, de ellas seis embarazadas, según datos de la Cruz Roja panameña. De esos, aproximadamente 200 lugareños provenían de Paya, que está situada a unos 20 kilómetros de Boca de Cupe.
Pero entre viernes y sábado han regresado a sus casas algo más de un centenar, incluyendo a familias kunas de Púcuro. Muchos de los que siguen en Boca de Cupe, incluyendo a mujeres de Paya, se resisten a la idea de retornar a sus ranchos por temor a que vuelvan los paracos"", como los llaman.
Los policías comentan en Boca de Cupe que el ataque y los asesinatos perpetrados por los paramilitares habrían sido causados por la colaboración que prestan los aldeanos a los guerrilleros. Dicen que Paya es un supuestamente un lugar de abastecimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. A fines de los 90, miembros de las FARC atacaron Boca de Cupe. Poco antes habían secuestrado a un comerciante del lugar que luego fue liberado al pagarse una recompensa. El jefe de la Policía Nacional, Carlos Barés, dijo el viernes a la AP que se establecerán permanentemente policías en Paya y Púcuro.
Pero eso no calma el temor de los kunas de Paya y Púcuro, ni a otras tribus de poblados más apartados y cercanos a territorio colombiano. Yo no quiero regresar más. Quiero otra comunidad nueva"", dijo a la AP la indígena Evelia Garrido, de 25 años, quien sobrevivió junto con sus cinco hijos a la incursión paramilitar.
Su esposo Tomás Caicedo, representante de Paya, no se encontraba en la aldea al momento de los incidentes y hoy la mujer le da gracias a Dios de que su pareja esté con vida. El sobrino de Evelia, Luis Enrique Martínez y su cuñado, el jefe de tribu Ernesto Ayala, fueron dos de los muertos.
Yo tampoco quiero regresar a mi rancho. Es duro retornar con mis dos hijitos y no encontrar a mi esposo en Paya"", dijo la indígena Felicidad, de 20 años, ahora viuda de Martínez. Cuando llegaron los paramilitares, salí huyendo y me escondí en el monte con mis dos niños: Ludibeth de siete meses y Jefer de dos años. Nos quedamos varios días en el monte y mis hijos lloraban de hambre"", cuenta Felicidad, quien logró llegar por piragua a Boca de Cupe.
Los desplazaron dejaron todo en sus ranchos: comida, ropa, animales y sembradíos. Muchos de los niños llegaron con catarros y diarreas, algo que tuvieron que encarar de inmediato los funcionarios de salud de este poblado, que cuenta con un cuartel y varias decenas de policías. Miembros de Unicef velan porque a los niños se les dé atención médica, alimentos y se les ayude sicológicamente.
El ambiente se alteró aquí el viernes por la mañana cuando un helicóptero de la policía trajo desde La Palma, poblado más importante de Darién, el cadáver de Gilberto Vásquez, uno de los cuatro asesinados. Vásquez había renunciado hace algunas semanas como jefe de tribu en Púcuro.
Mi papá se fue. Ahora me he quedado sin él y sin mi madre, que murió cuando era una niña"", dijo con lágrimas Marcela Vásquez, de 19 años, quien es trabajadora doméstica en la capital y tiene siete hermanos. Los desplazados permanecerán por unos días más en Boca de Cupe hasta que se hayan calmado los ánimos. Las autoridades prometieron que no obligarán a nadie a regresar, al menos por el momento.
Caicedo dijo que planean construir nuevas casas en una zona cercana a Paya. Es como levantar un nuevo pueblo. El objetivo es tranquilizar un poco a las mujeres y a los niños"", dijo. Pero lógicamente que la vida no será la misma. Viviremos con ese mal recuerdo de la muerte de nuestros dirigentes y con el temor a que los hombres armados regresen"", señaló Caicedo. La incursión le volvió a crear un viejo dolor de cabeza a las autoridades de Panamá respecto a la seguridad en la turbulenta frontera con Colombia.
Panamá no tiene ejército y le es muy difícil y costoso vigilar una zona tan extensa y selvática. Queremos que nuestros hermanos de Colombia cubran su lado en la frontera"", pidió Barés el viernes. Desafortunadamente es un problema de ellos en el que nos hemos visto involucrados"".