Nación

Ingreso y pobreza

Ayer, El Panamá América publicó la primera parte del resumen ejecutivo elaborado por el Gabinete Social, del cual se desprende que un gasto social elevado no conlleva un mejoramiento en las condiciones de vida de los panameños.


El diagnóstico al que se llegó a través del Sistema Integrado de Indicadores para el Desarrollo (SID), que integra en una sola plataforma de fácil uso y acceso, los indicadores para el desarrollo existentes en la República de Panamá, plantea que en este país existe una fuerte relación entre pobreza y desnutrición infantil.
Prueba de ello, es que el 16% de los menores de cinco años está afectado por alguna forma de desnutrición y el 85% de este total es pobre.
El estado nutricional de la población está estrechamente relacionado con el acceso a los bienes y servicios que determinan la disponibilidad y el consumo de alimentos necesarios para el crecimiento normal de las personas.
La desnutrición infantil constituye un problema serio en las áreas rurales y, en particular, en las áreas indígenas y de difícil acceso, donde la desnutrición crónica afecta, respectivamente, a la mitad y a una tercera parte de los niños.
Otra tendencia general que muestra el diagnóstico es que la pobreza y el bajo nivel de instrucción están estrechamente vinculados.
Un ejemplo de ello es que los jefes de hogares pobres tienen en promedio la mitad de años de educación (4.5 años) de los jefes de hogares no pobres (9.2 años). Esta relación también se acentúa en el caso de los hogares extremadamente pobres y en las áreas indígenas y rurales.
La tasa de alfabetización total de Panamá es de 92%, sin embargo, existe una disparidad dramática con las poblaciones indígenas, donde la pobreza más alta se da en los hogares encabezados por hablantes indígenas monolingües.

Estas limitaciones se reflejan en la carencia habitacional donde aproximadamente un millón de panameños no cuentan con una vivienda adecuada para vivir.
Los indicadores marcan un incremento significativo en la población de los distritos de Arraiján y La Chorrera y los corregimientos de Las Cumbres y Pacora, debido a los movimientos migratorios que tienen como destino la provincia de Panamá.
Contrario a lo expuesto, se encuentran las provincias de Veraguas, Bocas del Toro, Chiriquí, Los Santos y Herrera, donde se ha registrado una disminución en la población.
En el caso de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro, el decrecimiento poblacional es consecuencia de la segregación de los distritos que en 1990 pertenecían a estas provincias y que pasaron recientemente a conformar la Comarca Ngöbe Buglé.
De igual forma, Los Santos y Herrera mantienen la tendencia a una baja fecundidad y al desplazamiento de su población hacia otras provincias.
Mientras que el mayor incremento en el número de viviendas se da en la provincia de Panamá y el menor en la Comarca Kuna Yala.
Gran parte de las viviendas de asentamientos espontáneos, mantienen en riesgo permanente la vida de sus pobladores, porque están construidas con materiales de baja calidad y sobre terrenos con difícil topografía.
Un 64.6% de los pobres habita en casas individuales, sin embargo, una proporción significativa de ellos vive en áreas rurales e indígenas -que representan un 28.2%-, y tiene como vivienda, las llamadas chozas o ranchos.
Este tipo de viviendas es insignificante en la población de los no pobres que apenas alcanza un 2.4%.
En cuanto al número de personas por cuartos en los sectores pobres, éste es de 2.9, más del doble que el registrado en los no pobres (1.2).
Otro aspecto importante es que un 67.4% de la población pobre no posee título de propiedad, situación que la limita para desarrollar actividades generadoras de otros ingresos que mejoren su calidad de vida.

Los indicadores señalan que Panamá ha avanzado en la consolidación de la democracia, pero a pesar de ello, hay excesiva centralización, ineficiencia y débil participación de la sociedad civil.
La tasa de desempleo es casi el doble entre los residentes urbanos pobres, en comparación con los residentes urbanos no pobres.
La mitad de la fuerza laboral en Panamá está empleada en el sector informal, llámese operarios diurnos, empleadas domésticas o trabajadores por cuenta propia.
Cerca del 80% de los extremadamente pobres y el 70% de los trabajadores pobres se desempeñan en el sector informal de la economía, principalmente en empleos del sector agrícola, comercial y de servicios.
A su vez, el sexo femenino sigue siendo el menos favorecido, porque las panameñas tienen menos oportunidades laborales que su contraparte masculina.
Aunado a estas circunstancias, las mujeres pobres registran las mayores tasas de fecundidad con el consiguiente aumento de las responsabilidades domésticas, a las que se añaden la falta general de servicios de guardería y de acceso a otros servicios básicos.
El desempleo es significativamente alto entre los jóvenes panameños. En el renglón de jóvenes de 15 a 29 años alcanza un total del 24.1%. De 20 a 24 años representa un 18.1% y de 25 a 29 años alcanza el 12%.
Este fenómeno se acentúa entre los jóvenes urbanos, las mujeres jóvenes y los jóvenes de educación secundaria, lo que podría apuntar a la existencia de dificultades en la transición de la escuela al mundo laboral.
Los análisis indican que a pesar de que el trabajo infantil no parece ser un problema generalizado en Panamá, sí va en aumento. Los niños trabajadores suelen ser pobres en su totalidad y cuentan con menos años de escolaridad que aquéllos que tienen su misma edad, pero que no trabajan. En su mayoría son niños varones que viven en las áreas rurales e indígenas.

 
El normal suministro de los servicios básicos como agua potable y alcantarillados, servicios eléctricos y comunicación siguen siendo un sueño para los pobres.
En materia de servicio eléctrico un 25% de la población urbana no tiene acceso al mismo, por lo que sigue constituyendo un lujo inalcanzable para más del 60% de los pobres que habita en áreas rurales, y para más del 90% de la población indígena.
222El 16% de los menores de cinco años está afectado por alguna forma de desnutrición.
En cuanto a la eliminación de excretas, un 20% de los pobres no tiene ningún tipo de servicio sanitario en su vivienda, agravándose esta situación en las viviendas de las áreas indígenas, ya que el 56% de éstas carece de este servicio.
Puede mencionarse una tendencia hacia la centralización y fragmentación del sistema de salud con tres actores -Ministerio de Salud, Caja de Seguro Social y Sector Privado- que promueve la duplicación y subutilización de los servicios.
En el ámbito nacional apenas el 21% de la población tiene acceso a la educación universitaria, situación que se agrava en las áreas rurales, donde la cobertura sólo alcanza al 8% de la población y al 1% de la población indígena.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.

A pesar de este panorama que marca algunos aspectos negativos de la realidad social del país, la secretaria del Gabinete Social, Zuleika de Herbert y la doctora Astevia Vega, del Equipo Técnico, apuntaron que los indicadores reflejan mejoría en aspectos como disminución del analfabetismo y deserción escolar.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.

El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.

 

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98359
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América