Nación

Inseguridad en el causeway


En la clásica "boca de lobo" se ha convertido un centro turístico en el que el Estado ha gastado millones de balboas en infraestructuras que ahora no se usan: el Causeway de Amador.
La oscuridad reinante es tal que, aunque son muchos los nacionales y extranjeros que desean conocerlo, optan por regresarse cuando se les informa que deben dejar sus autos en un oscuro y solitario estacionamiento.
La amplia y moderna vía que conduce hacia ese lugar, además de los costosos faroles y los miradores de ensueño, contrastan con la obvia falta de seguridad, de libre tránsito y de visibilidad.
Durante un recorrido por el Causeway (paso sobre el agua, según el diccionario Larousse Inglés - Español) se pudo constatar que al llegar a la entrada de ese centro turístico, el visitante es recibido por dos funcionarios de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) que le alumbran su rostro con una lámpara de mano y proceden a preguntarle hacia dónde se dirige.
No visten un uniforme apropiado que los identifique, por lo que, encandilado con las luces, el visitante tiende a pensar que será víctima de un asalto, tal como lo manifestaron algunos de los entrevistados en el lugar.
En una primera visita de este medio, el estacionamiento estaba totalmente a oscuras, mientras los conductores y pasajeros esperaban un micro bus que los transportara a los restaurantes, ubicados al final de la vía.
En la segunda visita, había una pequeña planta eléctrica colocada en un panel para alumbrar parcialmente el estacionamiento.
PIDEN SEGURIDAD Y LIBRE ACCESO
"La primera impresión es de protección ante la inseguridad", dijo el turista guatemalteco Eric Morales, refiriéndose a los funcionarios que le recibieron a la entrada del Causeway. "Ahí sí cometen un error total", recalcó, mientras criticaba el hecho de que lo encandilaran con las luces de sus lámparas en un lugar donde no hay una garita.
Añadió que aunque ahora hay "un poquito de luces" eso no garantiza seguridad. Ni siquiera los empleados de la ARI la pueden garantizar, tomando en cuenta que no están armados y que la oscuridad es una ventaja para los delincuentes. "Si algo pasa, estoy seguro que nadie se responsabiliza".
Por su parte, Franklin Barrett, ex candidato a legislador por el partido Arnulfista, manifestó que siendo el paso marino un lugar turístico, debe estar iluminado, sobre todo, si existe el sistema eléctrico y los faroles ya instalados desde hace muchos meses.
Además, la oscuridad no sólo se traduce en falta de seguridad, sino que también induce a los jóvenes a dedicarse a actividades que los perjudican, especialmente por la falta de unidades policiales que custodien el sector.
Otro entrevistado, Silvestre Hutchinson, recomendó al gobierno que utilice los servicios de la policía de turismo en el área para que garantice la seguridad de los compatriotas y visitantes de otras latitudes.
Ernesto Meza, por su parte, solicitó más libertad de acceso al Causeway a fin de no entorpecer la actividad turística que es promovida en el extranjero. Situaciones como ésta, explicó, pueden crear un efecto negativo, porque el turista es atraído por la imagen que se vende afuera y al llegar, se encuentra con algo totalmente distinto que lo alejará irremediablemente.
Y así, más de una decena de visitantes entrevistados coincidieron en que de nada sirve la inversión en infraestructuras si éstas no se utilizan debidamente, amén de que es inútil promover el turismo en el extranjero, si un centro turístico de la calidad del Causeway no presenta su mejor cara.
"Hay muchas lamparitas bonitas, pero de nada sirven si no las encienden", resaltó una joven que se divertía con un grupo de amigos y amigas en el área de estacionamiento de los restaurantes cuyo asfalto se convirtió en un gran reservorio de agua lluvia, por no decir en un gran charco de agua sucia.
AL MAL TIEMPO, BUENA CARA
El empresario José Moses Neblett, propietario del restaurante Mi Ranchito, uno de los ubicados al final de la vía, manifestó su insatisfacción, toda vez que su negocio estuvo a punto de quebrar porque no existe organización por parte del gobierno ni la voluntad para apoyar a panameños que han hecho una inversión que genera decenas de empleos y divisas para el país.
Se ha cerrado el acceso al público en las horas de mayor movimiento para un restaurante, lo que afecta a los empresarios. Además, el posible cliente tiene que pasar por condiciones muy adversas para llegar a estos establecimientos, indicó.
Pero el ingenio y la buena voluntad han superado a la adversidad. Moses ha colocado una pequeña planta eléctrica en el estacionamiento principal, a la entrada de la vía, y ha puesto a la disposición busitos que transportan gratuitamente a los clientes hacia el restaurante.
Resintió que esa vía marina fue cerrada durante la noche desde enero, a partir de las 6:00 p.m. los viernes, sábados y domingos, con el argumento de la falta de control en el sector, y que 10 meses después no se ha buscado la solución al problema.
El 90% de los automovilistas que se desplazan hacia el sector se regresan ante la falta de seguridad. Eso perjudica a alrededor de 50 empleados que dependen directamente de su negocio.
Es obligación de la Policía Nacional, la municipal y la de turismo garantizar la seguridad, señaló, pero no se ponen de acuerdo.
"Lo cómodo y lo fácil es cerrar el área, lo serio y lo responsable sería dar la seguridad que todos necesitamos", argumentó.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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