Los que creían que las "baterías" eran "cosa de escuela", se equivocaron. Los copiones se pasean ahora por los pasillos de la Dirección de Migración, aunque algunos ya han sido reprobados.
Una panameña, hace pocos días, intentó ganar un dinero fácil a través de un matrimonio fraudulento con un extranjero. La ciudadana acudió a la cita, convencida de que ese día cerraría el trato. Respondió satisfactoriamente al cuestionario. Afuera, en la planta baja del edificio de Migración, la esperaba el abogado.
La euforia era tal que no se percataron de que eran seguidos por un agente encubierto, quien observó al jurista, cuestionario en mano, preguntándole a la chica: "En la 2 qué respondiste, dijiste azul, te dije que era azul"... A pocas calles del hecho, la supuesta futura esposa se encontró al extranjero.
Cuál sería la sorpresa del agente, quien aún no les perdía pisada, cuando en aquella escena salieron a relucir unos billetes, que era el pago por los servicios.