Un Centro Regional Rámsar para la capacitación e investigación sobre humedales en el Hemisferio Occidental será instalado en la Ciudad del Saber en Panamá a un costo de 2 millones de balboas que aportarán organismos internacionales, informó Ricardo Anguizola, administrador general de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).
Este centro formará recurso humano mediante el desarrollo de programas de capacitación y procurando ampliar los conocimientos sobre humedales y aplicar los principios de la Convención para promover la cooperación científica y técnica, y el intercambio de experiencias.
Aunque Cosca y Gómez aseguran que cada caso de posesión demoniaca es único, y los resultados van a depender de la fe de las personas involucradas en el acto, reconocen como importante la "oración" y "conjurar" o "reprender" a las fuerzas del mal en nombre de Jesús.
No obstante, la Iglesia Católica recomienda actuar con prudencia en casos de posibles posesiones diabólicas, observando estrictamente las reglas establecidas. Estas reglas están contenidas en el nuevo ritual del exorcismo, actualizado en 1999, que exige la apertura de un expediente o historial sobre la persona afectada.
Incluye además la necesidad de que la persona pase por un proceso de terapia espiritual y psicológica, para determinar que está totalmente afectada y demostrar que ella "consciente y voluntariamente se entregó al espíritu inmundo". Esto es así porque "es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del maligno y no de una enfermedad."
Una vez definido esto, el expediente es presentado al Obispo, quien finalmente deberá dar la licencia para llevar a cabo el exorcismo. El acto para expulsar los demonios incluye, desde la óptica católica, oraciones a Dios, a los ángeles, a la Santísima Virgen y el agua bendita, no obstante, "no existe un parámetro a seguir, porque se dan diferentes posesiones y expresiones del mal, y eso va de acuerdo con la fe de los que están presentes, del sacerdote, de las personas, acotó el padre Cosca.
El exorcismo "puede provocar llanto y gritos, a veces la gente se tira al piso, se arranca el cabello, la ropa y hasta se golpea". La persona blasfema y llega a hablar en lenguas.
Explicó que durante la expulsión de los espíritus inmundos la persona tiene un estado semiconsciente y ella misma va expresando su fe y puede ser que en la medida que se va haciendo la oración, la persona va despertando a ese mundo espiritual, relató el padre Cosca.
Pueden darse casos donde se requieran varias sesiones para liberar a la víctima, porque los demonios, animados por Satán, son capaces de confundir a cualquier exorcista humano.
Quienes han presenciado un exorcismo aseguran que no es un cuadro agradable a la vista, ni a los sentidos, porque "el demonio es desagradable y el mal también". De acuerdo con la bibliografía consultada, los exorcismos, en su gran mayoría, no son una cuestión privada entre cura y paciente, pues participan seres queridos y un grupo de apoyo; "la gente reza por uno y uno pasa a ser el centro de atención".
Considerando que la posesión es una experiencia impresionante, tanto para el cuerpo, la mente y el espíritu, el Pastor Gómez recomendó que una persona que haya sido liberada debe entrar al discipulado para que aprenda a mantener su libertad, a conocer los principios de obediencia a Dios, a buscarlo a través de la oración, pues si la persona se aleja, "vuelve a las cosas que hacía antes".
La tentación del mal, que durante un periodo de su vida ha estado tan íntimamente relacionada con el alma de la víctima, tenderá a manifestarse más frecuentemente que antes. Por la misma razón, la víctima tendrá la sensación de que "le falta algo" durante mucho tiempo; esta sensación de vacío debe rellenarse con el amor por Dios y las enseñanzas de Jesucristo.
En ocasiones, se producirán alteraciones de tipo mental, y especialmente las relacionadas con la comida, la bebida y la sexualidad. Se debe a que la presencia del demonio, obsesionado con los placeres del cuerpo, habrá deformado la sensibilidad de su víctima hasta hacerla casi irreconocible. Se necesita mucho amor, fe, disciplina y atención para restablecer esa sensibilidad hasta su naturaleza anterior.