Pobre yo, pobre yo", "quedando toda la noche llorando" recordaba Faustina Morales, una indígena de la etnia naso teribe el día que el río cobró vida y se llevó entre la corriente lo que por muchos años fue su hogar y parte de su vida.
Con 44 años y a cuatro meses de habérsele practicado una operación para no concebir más hijos, Faustina Morales yace en una cama de un albergue en Bocas del Toro sin poder moverse, a causa de una infección que ha complicado su salud.
Ese sábado 22 de noviembre a las 4 de la tarde, se aferró a su hermano Remigio Morales, de 27 años, quien la puso a salvo como al resto de la familia, mientras contemplaban cómo el río Guarumo, uno de los más caudalosos de Bocas del Toro, se llevaba su casa con techo de pencas y paredes de cañazas, siembros y, sobre todo, la poca alegría que les quedaba.
Sólo recuerda un desagradable sonido que emanaba de la cordillera bocatoreña. "Yo nunca "escuchare" eso, estaba muy asustada y el terror se apoderó de mí".
A los pocos minutos, sus vecinos le dieron la alerta para que saliera de su casa junto a su familia, la que estaba a 100 metros del estruendoso afluente.
Remigio, un joven de baja estatura, pómulos salientes y fuerte contextura, la levantó como pudo y la llevó hasta un punto elevado, donde minutos después auxilió a sus demás familiares.
Junto a sus cuatro hijos, tres nietos y hermano recibe atención en el Instituto Profesional y Técnico (IPT) de Rambala, en Bocas del Toro. La acompañan 80 personas que corrieron la misma suerte.
Cada vez que recuerda esa tarde siente ganas de llorar, pero mira a un costado y se olvida de lo ocurrido mirando las travesuras de su nieta, Elena Palacios, quien pronto cumplirá un año.
Curiosamente, la pequeña Elena está atada con hilo de nailon a la cama de su abuela para que no moleste a las demás personas en el albergue.
La niña se ha convertido en la mejor amiga de su abuela Faustina, mientras enfrenta los dolores y secuelas que le dejó una operación, y que desde hace meses no le ha permitido movilizarse.
En el albergue donde está Faustina como en los demás escasea el agua, alimentos y el hacinamiento es insoportable.
Se trata de colegios, escuelas, iglesias, entre otras infraestructuras que ante la tragedia tienen que reemplazar los hogares de los afectados. No todos duermen en colchón y hay mucho sufrimiento.