Hace tres años, Itzomara Judith Herrera era una joven muy alegre, amable y llena de vida, pero por cosas del destino o tal vez del “veneno maldito”, llamado dietilenglicol casi pierde la vida.
Esta joven, quien tiene 32 años de edad, era una joven normal, que laboraba en un almacén en Chitré, provincia de Herrera, pero ahora se encuentra recibiendo terapias en Penonomé, para poder mejorar sus movimientos, tanto de las manos, como de las piernas.
Con lágrimas, doña Sbeila Ríos, madre de la joven en mención, explicó que su hija, en abril del 2006, tenía un mes de estar resfriada, asistía al Cuarto de Urgencias del Hospital El Vigía de Chitré para atenderse y fue allí donde le recetaron el jarabe (guayacolato).
Empeoró su salud.
“Empezó a tomar el medicamento y no mejoraba, luego fue decayendo, las piernas le fallaban, hasta que un día, cuando presentaba un fuerte dolor de cabeza, se desmayó cuando se dirigía al baño”, expresó Ríos.
Doña Sbeila cuenta que desde ese día fue hospitalizada y que en primera instancia, le diagnosticaron meningitis, fue tratada por esta enfermedad y le manifestaron que si deseaba, le podían recetar un medicamento que fue comprado para un señor en Pedasí y que era bueno porque venía de Canadá.
Ellos, deseosos de que se mejorara, decidieron comprar el medicamento y según los familiares de Itzomara, al tomar esa pastilla se complicó; tanto así, que los riñones se paralizaron, le dio un cuadro agudo de diarrea y perdió mucha sangre.
Al complicarse, los médicos decidieron enviarla al hospital de Aguadulce, donde permaneció por espacio de 56 días.
Su madre, con el escaso dinero que recibía de la pensión del trabajo de Itzomara, le fue realizando distintas terapias, al punto que hoy día puede, poquito a poco, caminar y cose, a pesar de que sus manos no están del todo bien.
Esta humilde familia, que habita en la entrada de la comunidad de Monagrillo, solicita a las autoridades del Gobierno, que se le haga un examen en el hueso para conocer si Itzomara fue una de las víctimas del dietilenglicol.