Hace ocho años, Testa pidió un préstamo en un banco para cancelar su casa, pero hasta el momento, es una deuda que no acaba.
La vivienda que tenía en Pedregal fue vandalizada y ha tenido que irse a vivir donde un hermano.
Sobrevive, según ella misma relata, porque sus nietas y su hermano -también jubilado- la ayudan con los gastos y le ha dado cobijo en su casa.
La señora Testa requiere atenciones especiales, ya que fue una de los miles de panameños afectados por los medicamentos envenenados con dietilenglicol.
Además, padece de presión alta y azúcar en la sangre.
Cuando se intoxicó con los medicamentos, estaba resfriada y le recetaron jarabe sin azúcar y además, una loción para la piel porque frecuentemente tiene resequedad.
El atentado a su organismo fue doble, "sentía que me ardía la garganta cuando tomaba esa medicina, por suerte tomé la mitad", expresó.
Su vida cambió desde aquel suceso. Aparte del daño a sus riñones, sufre fuertes dolores de cabeza y los médicos le han recetado diclofenaco y paracetamol, pero ella confiesa que ya le da temor tomar tantas pastillas.
Adilia pide a los ministros de Estado y demás autoridades que se pongan en el lugar de los jubilados y pensionados, quienes reclaman un aumento en sus pensiones.
"Ellos cobran salarios de 3 mil dólares, mientras que nosotros sólo recibimos 20 ó 30 dólares, esto da pena, este Gobierno da pena", sentenció.