Nación

La calle es de los más fuertes

Pandilleros y ex pandilleros de la Pedro Obarrio, en El Chorrillo, accedieron a hablar, eso sí, dejando claro que "la violencia genera violencia". Rolando Girón, conocido como "Roly", ya salió de ese mundo, pero lo conoció muy joven.


A los 12 años ya Roly era pandillero. Ingresó por "necesidad". Aquello de matar para entrar a una pandilla no funciona en la Pedro Obarrio, al menos en nuestros entrevistados.
Roly cuenta que con jugar fútbol, fumar marihuana y compartir con un grupo ya se puede estar dentro o "estar mal".
En el mundo del pandillerismo los jóvenes consiguen armas fácilmente porque se las venden, según ellos, "policías o guardias de seguridad corruptos", aunque aquí lo importante no es el quién sino el qué, puesto que tiene que tratarse de "productos de buen calibre".
Una vez dentro, ya no se piensa en nada "sólo en matar", porque nos dejamos "llevar por la ira y el enojo". "Roly" fue patrocinador de mucha violencia, como él mismo se define.
El era cabecilla de una de las pandillas del área. "Roly" conoce bien la cárcel, la visitó varias veces, pero "este sistema carcelario no cambia a nadie, al contrario, cuando se sale es peor".
Mientras que Genetzaret Neftalí Muñoz asegura que ingresó a las pandillas por rencor. En su corazón estaba aún la tristeza por la pérdida de un primo que fue asesinado por unos pandilleros de otra calle de El Chorrillo
La historia de Neftalí no es diferente. Llegó a ser el cabecilla de los "Niños del Silencio" y se dedicaba al robo para comprar armas a los que "venían al área a hacer canje por droga". A eso añade, "los pandilleros llegamos a ser grandes distribuidores" .
Pero, ¿qué se consigue? Fama y poder, señalan ellos, sin embargo, reconocen que en "este mundo se pierden amigos y familiares. Los amigos se pierden porque las madres de esos jóvenes no quieren que sus hijos se involucren con muchachos problemáticos y los familiares porque ellos no quieren saber nada del mundo delictivo".
Neftalí, de 19 años, tiene una semana de haber dejado las armas. Su razón fue su hermano menor, de 13 años, luego de que éste le dijera que quería seguir sus pasos y es más, le confesó que estaba ahorrando para comprarse un arma. Siendo así, Neftalí no se arriesgó y dijo adiós.
Lo cierto en esta situación es que la calle es la escuela de todos los pandilleros; algunos inician vendiendo flores, estampitas y empacando, para luego graduarse: "con actos delictivos como robar, vender droga y hasta matar por dinero".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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