Si José Feullet hubiese vivido en el centro de la ciudad, tal vez, Calidonia, Tumba Muerto o en Río Abajo, hoy estuviera muerto.
A José, literalmente lo salvó la distancia. Residir en Nuevo Tocumen hizo la diferencia entre la vida y la muerte.
Él es el jefe de seguridad del grupo hotelero del empresario colombiano Carlos Arango.
Feullet llegó este viernes a eso de las 3: 00 de la tarde al Aeropuerto Marcos Gelabert de Albrook con destino a Contadora, su lugar de trabajo.
Allí lo esperamos por varias horas. El primer contacto fue vía telefónica. Se le escuchó acongojado, la voz entrecortada y sollozando. El dolor era reciente y parecía luchar contra el llanto.
Fue entonces cuando revivió aquellos instantes en que se convirtió con certeza en uno de los últimos en escuchar la voz del piloto Aquiles Ortega.
Justamente éste último lo llamó a su casa a eso de las 7: 15 de la mañana de este jueves, sólo unas horas antes del accidente.
La llamada de Ortega tenía el propósito de invitar a Feullet a que los acompañara en el viaje a Pocrí de Aguadulce.
Irían al entierro del hijo del capitán Alejandro Ríos y además de Ortega, viajarían su compañera de labores, Itdamia Cubas (abogada); Ovidio De León, director de Contingencias del Ministerio de Salud (médico); el copiloto Octavio Arrevillega y su jefe, Carlos Arango.
Querían mostrar su solidaridad al capitán Ríos, poner sus hombros para que llorase por tan irreparable pérdida, pero el destino tenía otros planes.
"Aquiles, yo estoy muy lejos, no voy a llegar a tiempo .. váyanse sin mí".
Así se despidió de Ortega. El plan del capitán era partir a las 8: 30 de la mañana, sin embargo, se retrasaron y el vuelo salió a las 9: 00 a.m.
Feullet se entretuvo en otros asuntos y una hora más tarde recibió la fatal noticia.
El avión se había estrellado en las cercanías del cerro Peña Blanca, ubicado a unos 1, 314 metros sobre el nivel del mar.
No había sobrevivientes. Milagrosamente a Feullet, el tranque, la distancia y la premura con la que Ortega y el resto prepararon el viaje a Pocrí, lo salvaron.
Cuando lo cuenta sus ojos se enrojecen. Sólo alcanza a decir: "ayer (jueves) yo volví a nacer".
Y es que varias veces Feullet abordó un avión con los pilotos Ortega y Arrivillega.
Los describe como dos profesionales con más de 8, 000 horas de vuelo.
¿Desperfectos mecánicos?, ¿mal tiempo? Feullet prefiere no especular, aunque asegura que "algo" le molesta. Pese a nuestra insistencia no profundizó en ese detalle.
Lo cierto es que en varias ocasiones Feullet se hospedó en algún hotel de la metrópoli para llegar temprano a sus compromisos, pero este jueves estaba en su residencia.
Ayer, pese al dolor, se le vio dispuesto a seguir trabajando para honrar la memoria de Arango, su jefe y amigo.
Conversó con Panamá América unos minutos antes de retornar a Contadora en un vuelo de Air Panamá. Se despidió diciendo: "vamos a ver qué pasa".