Las verdades restallan en pleno rostro como un latigazo, esa es la verdad elocuente que podemos encontrar en las declaraciones que poco más de un año hizo el Dr. Ricardo Arias Calderón cuando dijo: sobre la Tercera Fuerza que "los políticos que se atrevan a tomar esta medida le están haciendo el juego al P.R.D., porque en las elecciones pasadas se demostró que esto le dio el triunfo a Ernesto Pérez Balladares".
No cabe la menor duda que aquí podremos decir, que el diablo los cría y ellos se juntan. La afirmación tan categórica de hace un año pone al descubierto la actividad en que se desenvuelven: El juego al P.R.D. y no lo decimos nosotros, lo expresó quien hoy está haciendo lo que no debió hacer.
Pero ello no es todo, también en la misma fecha reconoció la capacidad y condiciones de Mireya Moscoso y en fechas posteriores sin el menor vestigio de decencia dice todo lo contrario.
La palabra de Arias Calderón al igual que la palabra de Alberto Vallarino sin dejar atrás la de Rubén Arosemena, está en entredicho, pero se presentan ante la faz del país con cinismo inaudito pretendiendo hacer ver que representan los más altos valores morales y políticos. Pero cómo se atreven a pretender que se les crea si no saben cuál es el significado de la palabra verdad.
El único y verdadero propósito de Ricardo Arias Calderón es el de la subsistencia del Partido Demócrata Cristiano. Para lograrlo, debía juntarse con una persona que en el cumplimiento de la palabra fueran afines y fue así como encontró a Alberto Vallarino.
Al referirse a las primarias del Partido Arnulfista expresó que en pocos meses logró el 40% de los votos de la primaria de ese partido, perola gran verdad es que los 11 legisladores del Partido Arnulfista con su "pretendido" poder electoral, a lo largo y ancho de la República, no pudieron vencer a la Señora, lo que evidencia la incapacidad política del pre-candidato de ese momento y sus once seguidores que a decir verdad sí debieron constituir un caudal de votos muy superior a los de la señora Moscoso, y no fue así.
Está claro a todas luces que quien haya dicho en el mundo háganse en la tierra los hombres sin palabra aparecieron de la mano para contrariar la verdad: Ricardo Arias Calderón, Alberto Vallarino y Rubén Arosemena.
Es un hecho notorio que el pueblo panameño es sabio, que aprendió la lección de 1994 y repudia las terceras fuerzas, de allí que el desastre político del Ing. Alberto Vallarino será doblemente estrepitoso por cuanto que por un lado quedará reducido a la mínima expresión y por la otra habrá sepultado su porvenir político porque le faltó valor para decir no a la propuesta objetable e inconsecuente de Arias Calderón.
Han querido hacer gala de sabiduría y de capacidad cuando la ilustración, si no va de la mano de hechos honorables y de la palabra empeñada, cumplida, queda claro que están expuestas a irrealidades que generan corrupción.