Nación

La mejor pesca de toda su vida terminó en desgracia

Más de 50 lanchas los acompañaron a su último viaje por el mar. Hoy a las 10:00 a.m. será el sepelio.


Todo era risa, pues porque no; era el mejor día de sus vidas, habían pescado más de 900 libras de camarones titi.

Hasta cánticos se escuchaban en la lancha. Dagoberto y Rigoberto Pérez iban de regreso a su hogar, en Playa Leona, junto a sus tres primos, Manuel, Domingo Ábrego, y Dani Daniel Arroliga.

 

De pronto la felicidad se les convirtió en tragedia. Varios hombres armados y uniformados en dos lanchas los acorralaron.

Sólo se escucharon detonaciones.

 

El primero en caer fue Dagoberto con un disparo en la cabeza, de inmediato su hermano fue impactado.

Los dos estaban tirados en el navío, uno al lado del otro, contó Dani, uno de los sobrevivientes.

Rigoberto antes de morir miró fijamente a Dani y le pidió que cuidará a sus dos hermanos y su madre.

 

El temor se apoderó de los demás que se agacharon para evitar ser impactados.

“Agarre un crucifijo que tenía y me quede esperando”, recordó Dani.

Los hombres se cruzaron a su embarcación

 

Tenían dos días de permanecer en alta mar.

En el camino intercambiaron con otros navegantes su mercancía por una gallina, querían hacer un sancocho a penas llegaran a casa.

De pronto la felicidad se les convirtió en tragedia. Varios hombres armados y uniformados en dos lanchas los acorralaron.

Sólo se escucharon detonaciones.

El primero en caer fue Dagoberto con un disparo en la cabeza, de inmediato su hermano fue impactado.

Los dos estaban tirados en el navío, uno al lado del otro, contó Dani, sobreviviente del incidente.

Rigoberto antes de morir miró fijamente a Dani y le pidió que cuidará a sus dos hermanos y a su madre.

El temor se apoderó de los demás, por lo que se agacharon para evitar ser impactados.

“Agarré un crucifijo que tenía y me quedé esperando”, señaló Dani.

Los hombres se cruzaron a su embarcación y preguntaban donde está la droga.

“Al revisar se dieron cuenta de que no teníamos nada, fue allí cuando escuche que decían: chuzo, jefe aquí no hay nada, sólo son unos muchachos”, recordó Dani.

Domingo, quien manejaba la lancha, resultó herido en el tobillo y a Manuel lo golpearon en la cabeza con la cacha de la carabina.

La oscuridad de la noche y la sangre regada de sus primos en la embarcación lo dejó inmóvil. “El miedo se apoderó de mí”, explicó el sobreviviente.

Pasión. La pesca los apasionaba. Desde niños, ambos hermanos mostraron su habilidad e interés.

Se habían convertido en el soporte de su hogar, pues su madre batallaba sola con ellos.

En un casa humilde, hecha de hojas de zinc, con camas cuyo colchón son sólo cartones. Así vivían estos jóvenes pescadores, quienes anhelaban un mejor hogar para su madre y sus hermanos más pequeños.

Recuerdos. Los vecinos, amigos y familiares los recuerdan como jóvenes tranquilos.

Uno más serio que otro. Dagoberto era el más sociable y desordenado, mientras que Rigoberto quería pedir otro préstamos para comprar otra lancha.

Los dos se reunían con sus amigos, como todo muchacho para conversar de chicas.

Recorrido. La tristeza invadió la comunidad de Playa Leona. Ambos hermanos salieron a trabajar llenos de vida el pasado lunes y regresaron a su pueblo en el sueño eterno.

Más de cincuenta lanchas de la comunidad y otras aledañas los acompañaron ayer en su último viaje por alta mar.

Hoy a las 10:00 de la mañana será el sepelio de los hermanos Pérez.


fecha edicion
old id
368977
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América