Luego del accidente nuclear de Fukushima, se realizó un estudio de suelo en la ciudad de Panamá para comprobar la posible existencia de trazas de radionucleidos porque las lluvias podrían haber depositado sobre el suelo la radioactividad, de acuerdo con Fernández.
Tomaron varias muestras en las esclusas de Pedro Miguel, el edificio de la Administración del Canal, en Hato Pintado, un barrio residencial, y en la Universidad de Panamá.
Se encontró Pb 214, un nucleido natural, pero no trazas de la precipitación de los isótopos de la nube radiactiva de Fukushima.
Pero además hay otras sustancias que, aunque no son radioactivas, se debe disminuir su cantidad o evitar su proliferación a las del ambiente no contaminado, pues el organismo no está adaptado a respirarlas por mucho tiempo.
Las normas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre estas partículas pequeñas de tipo 2.5 micrones plantean que el ideal sería de 10 microgramos por metro cúbico, y en Panamá alcanzan 80 microgramos por metro cúbico. Son partículas finas que penetran en los pulmones y disminuyen la capacidad respiratoria, por lo que el organismo se esfuerza y se producen enfermedades como el asma o las cardiovasculares. Según las normas de la OMS, si sus niveles se reducen a 22, se ganaría 30 años de vida media.