William Dathar Holbert, mejor conocido como “El salvaje Bill” y su novia Laura Michelle Reese, desaparecieron repentinamente, hace mes y medio, de la pacífica comunidad costera de Punta Róbalo, en Chiriquí Grande, Bocas del Toro.
Esta fue la última ruta conocida, en Panamá, de la, aparentemente, afable pareja, a la cual se le atribuyen horrendos crímenes en varios países.
Desde entonces, solo se sabía que ambos eran buscados por ser los principales sospechosos de las muertes de dos personas, cuyos cadáveres se hallaron a 340 metros de su casa, en el pueblo de Aguacate, corregimiento de Tierra Oscura, distrito de Bocas del Toro.
Últimos pasos.
Evaristo Ortega, capataz de una empresa dedicada a la compra y venta de madera y materiales para la reparación de botes y casas, conoció de cerca a “Wild Bill”, incluso fue testigo de una hipotética prueba de uno de sus supuestos crímenes.
Ortega narró que hace un mes y medio, William y otro norteamericano de nombre Gilbert, llegaron en una camioneta vans, blanca, marca Dodge, que él, inmediatamente, reconoció como el vehículo de la también estadounidense, Sherril Hughes.
William y Gilbert salieron de Aguacate en un pick up, pero después cada uno regresó en un auto, uno de ellos, el de Sherril, quien desapareció misteriosamente.
“Reconocí el carro”, dijo Ortega. “Era el de Sherril”, insistió sin titubear.
Ortega narró que reconoció el auto porque Sherril lo dejaba en la comunidad. Posteriormente, lo llevó a un estacionamiento privado de Almirante, de donde fue retirado por William.
El joven capataz, visiblemente afectado, siguió contando que quedó en “shock”, cuando vio en las noticias que su afable vecino era supuestamente un asesino en serie.
“No podía creer que ese hombre tan amable fuera un asesino en serie, pues además de custodiarle por un tiempo el carro, también era mi vecino en la comunidad de Aguacate, en donde colindaban nuestros terrenos”.
Contó que se sintió peor cuando se enteró de que la osamenta encontrada en el patio trasero de la casa de William era la de su amiga Sherril, a quien calificó como alegre y jovial, siempre acompañada de su pequeño perro Jack.
Macabros hallazgos.
William, al parecer, no sólo se quedaba con los terrenos de sus presuntas víctimas, también lo hacía con sus autos. “El salvaje Bill” también se paseaba por Aguacate en un pick up de color azul.
Ortega asegura que el vehículo era del también desaparecido norteamericano Michael Brown, quien era el propietario original de la finca que ocupaba William en Bocas.
Las autoridades presumen que en ese carro fueron transportados los cuerpos de Sherril y Bob hasta el basurero en donde fueron sepultados y cuyas osamentas fueron desenterradas el martes 20 de este mes, aproximadamente a las 5:30 p.m.
Para llevar este auto a la isla utilizaron dos botes con tablones que formaron una especie de balsa. Esperaron a que el mar estuviera tranquilo e hicieron la travesía de unas dos horas entre Punta Róbalo y Tierra Oscura.
El capataz tampoco puede creer que el norteamericano Michael Brown, quien llegó a Bocas con su esposa e hijo, fuera un prófugo de la justicia por más de 20 años en Estados Unidos.
Reconoció que Brown se disgutaba con mucha frecuencia y desde su casa se escuchaban discusiones. Brown desapareció y todos pensaron que estaba en Tailandia llevando a tratamiento a su esposa que sufría de cáncer.