A la puerta de la Iglesia católica llegó la violencia armada que azota al país, con el asesinato del guardia de seguridad Alexis Rodríguez Caballero, de 32 años.
El informe preliminar indica que el cadáver de Rodríguez Caballero, quien cuidaba el edificio que alberga el Arzobispado de Panamá, en el sector de Carrasquilla, evidenciaba haber recibido al menos cinco impactos de bala.
El cuerpo que yacía a un costado del edificio fue encontrado por su hermano, el aseador de la Curia, a las 5:30 de la madrugada.
Se pudo detectar, según los informes policiales, que el seguridad no mantenía su arma de fuego calibre 38, por lo que se presume que el móvil fue el robo.
El joven celador de origen chiricano, laboraba para la Agencia Seprosa.
Sería esta la víctima número 20, según la UNI, un Sindicato Global, que representa a los trabajadores de las agencias de seguridad en América Latina y Panamá.
Las estadísticas de este año revelan que por mes se registran dos muertes de agentes de seguridad privada a manos de los delincuentes.
Los principales homicidios se han registrado en su mayoría en la ciudad de Panamá, Colón y Veraguas, donde el arma de fuego ha sido el principal objetivo de los asaltantes.
El pasado viernes se dio el homicidio de Alonso Jamielson, de 58 años, en el sector de Las Mañanitas, quien forcejeó con sus agresores, y estos le robaron su escopeta.
Rechazo.
Este hecho, como la muerte del seguridad de la Curia Metropolitana, causó dolor y rechazo en la comunidad católica panameña.
Para la directora Ejecutiva de Justicia y Paz, Maribel Jaén, quien dirige esta organización con sede en la Curia, argumentó que el hecho es de preocupación, ya que el tema de la violencia no se ha tomado como un compromiso de Estado.
Reiteró que el Gobierno debe sentarse a debatir, a través de una mesa de trabajo, para detener la ola de violencia.
El sacerdote católico Conrado Sanjur, quien dirige la Coordinadora Popular de Derechos Humanos, habló sobre la profundización de la violencia, que incluso ha llegado a irrespetar los lugares sagrados como es la Curia Metropolitana.
Ebrahim Asvat, quien dirigió la Policía Nacional, opinó que la delincuencia se ha aprovechado de la vulnerabilidad de los guardias de seguridad para quitarles las armas.
Destacó que los vigilantes no tienen el entrenamiento debido y cuentan con muy bajos salarios, en vez de hacer la labor encomendada actúan como "guachimanes".
"Lamentablemente las autoridades no están escuchando", expresó Asvat.
Desprotegidos.
Alberto Barrow que dirige la UNI, Sindicato Global, sede regional de la Industria de la Seguridad Privada en las Américas, subrayó que el sector de los trabajadores de la seguridad privada es de los más desprotegidos.
"La gran cantidad de vigilantes privados muertos en el cumplimiento de sus labores, en Panamá, demanda que se preste atención urgente a este tema", declaró Barrow.