Con un "no le quite años a su vida, póngale vida a los años", inició ayer su homilía en la capilla del Instituto Técnico Don Bosco, el salesiano, cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, oriundo de Tegucigalpa, Honduras.
El prelado concelebró ayer una misa como parte de sus actividades durante la Semana Pastoral, y destacó en su homilía que es necesario que el cristiano dé sentido a su vida para lo cual hay que practicar tres verbos: conocer, amar y servir. De ahí la necesidad de ponerle vida a los años y no permitir que "se vaya el tiempo".
El cardenal, quien a duras penas podía movilizarse entre los feligreses que deseaban saludarlo y pedir su bendición, también se refirió al tema de la violencia durante una improvisada conferencia de prensa. A ella se refirió como "una de las peores enfermedades que afligen al continente americano".
Sin embargo, él no comulga con la idea de que la violencia tiene su origen en la pobreza "porque eso querría decir que todos los pobres son violentos y la mayoría de la gente pobre busca a Dios", resaltó.
Para él, la violencia viene del crimen organizado, especialmente del tráfico y comercialización de las drogas, que con el potencial de recursos económicos que maneja, es capaz de comprar otras industrias del crimen para disuadir y distraer la acción policial.
"Estoy convencido de que en el problema del secuestro, está metido el narcotráfico, para distraer los entes de investigación policial para que los dejen en paz traficando su droga", manifestó.
En Honduras, dijo, se sabe que el narcotráfico tiene que ver con las maras (bandas de delincuentes) y eso es una amenaza para la democracia en el continente. La población tiene que unirse con las autoridades para combatir la delincuencia, exaltó.
Añadió que el problema es complejo porque la pandilla tiene origen donde no hay familia, donde las niñas y niños se crían en la calle, donde son explotados por sus propios padres y donde no hay suficiente preocupación por la educación.
Los jóvenes no son los culpables, sino las víctimas de la violencia, agregó, porque imitan los ejemplos, y caen en la violencia debido a que no hay centros de recreación sana ni canchas deportivas, por lo que no tienen posibilidad de canalizar sus energías juveniles.
La sociedad no debe echarles piedras a los jóvenes, sino examinarse a sí misma y buscar soluciones viables, consideró.
"El gobierno tiene un papel importantísimo en los programas de educación, salud, bienestar social y prevención", para contrarrestar la violencia, sustentó el prelado.
Sobre la mediación de monseñor Rómulo Emiliani entre las maras y las autoridades para erradicar el problema de las pandillas en Honduras, el cardenal manifestó que Emiliani ha sido un estímulo muy grande en ese país, especialmente para los programas pastorales en los medios de comunicación.