El único lugar en que aún se dedican a la confección de ladrillos, baldosas y tejas tipo colonial, lo es "El Tejal", ubicado a orillas del río Salobre en la comunidad de El Limón de Chupampa, distrito de Santa María, a muy pocos kilómetros de Ocú.
Según su propietario el señor Domingo Serrano, este tipo de trabajo colonial fue aprendido de su padre Ventura Serrano a inicios de este siglo, cuando visitó a la comunidad de Pocrí de Aguadulce, lugar donde se desarrollaba comercialmente este tipo de artesanía y eran los coclesanos los que contaban con mejores hornos y técnicas.
Es así como esta pequeña industria se ha desarrollado exitosamente en El Limón de Chupampa y ha sido heredada de generación en generación, contribuyendo con el desarrollo habitacional de miles de panameños.
Nos cuenta el señor Domingo, que en tiempos pasados era muy común el uso de estos materiales debido a que el zinc, bloques y demás materiales, eran más caros y más difíciles de adquirir; no obstante, en la actualidad son muy pocas las personas que recurren a este tipo de material, debido a que existen mejores facilidades para adquirir zinc y bloques a un menor costo.
Hoy día podemos observar, que quienes fabrican y trabajan con este tipo de artesanía colonial son personas o instituciones que no ganan enormes sumas debido a que los ladrillos y las tejas no se utilizan como una necesidad, sino más bien como un pequeño "lujo". En algunos detalles, terrazas y demás, pero no en cantidades.
Para la confección de ladrillos, tejas y baldosas tipo colonial, se utiliza barro, estiércol de caballo y agua, los cuales son mezclados y batidos por las manos y los pies del hombre, en un hueco circular no tan profundo llamado "Pila". Posteriormente se busca conseguir un punto de consistencia y de temperatura, para luego ser vertido en los moldes y finalmente extraídos y colocados en un gran horno de leña por espacio de ocho horas; este último procedimiento tiene que ser efectuado con mucho cuidado, ya que el material puede quemarse o quedar crudo.
Nos manifiesta el señor Domingo, que su fábrica cuenta con muy poco personal debido a la falta de recurso económico y a lo rústico y difícil que representa para un hombre trabajar manualmente estas artesanías.
Su personal sólo confecciona 50.000 unidades durante los tres meses de verano, por lo que no puede satisfacer la gran demanda nacional, necesitando recurso financiero para convertirse en un gran empresario trabajando todos los meses del año.
Nacionalmente son muchas las personas e instituciones, que han tenido el privilegio de adquirir materiales en el famoso "Tejal". Lugares como la Iglesia colonial de San Francisco de La Montaña, en la provincia de Veraguas; Iglesia Colonial de Natá de los Caballeros, museos de todo el país, así como también instituciones gubernamentales y personas naturales, que aprecian el arte de construir con este tipo de artesanías.
Se trata de un árduo y rudimentario trabajo, legado de pasadas generaciones, que con su talento nos han demostrado que mediante el trabajo, subsistir es posible.